Opinión

En FocoLa unidad peronista, bajo la sombra de Cristina y Moyano

Por Julio Blanck

El peronismo inaugura hoy la ímproba tarea de recomponerse a sí mismo, después de los estragos que se causó.

El peronismo inaugura hoy la ímproba tarea de recomponerse a sí mismo, después de todos los estragos que se causó desde el poder y fuera de él, al punto de quedar partido en muchos pedazos más que los tres que hoy convocan a esta sutura. Roto y fragmentado ha sido, y sigue siendo, perfectamente funcional a la consolidación de Mauricio Macri. Es el gran favor que le debe el Presidente a la principal fuerza de oposición.

Pero Macri es un tipo generoso. La recomposición peronista que hoy se empieza a esbozar no habría encontrado espacio social ni político para intentarse si no hubiese mediado su propia e involuntaria colaboración. La sucesión de episodios negativos para el Gobierno se encadenó a partir de la traumática reforma previsional de fines del año pasado, diluyendo buena parte del capital político acumulado con el triunfo electoral en octubre.

Sería aventurado, de todos modos, suponer que Gobierno y oposición peronista comparten hoy un escenario de igualdad de fuerzas.

Con todos los afanes que desplegó la Mesa de Unidad integrada por el kirchnerismo y los sectores que en la pasada elección jugaron con Sergio Massa y con Florencio Randazzo; con todo lo inclusiva que pretende ser esta convocatoria a una jornada de trabajo que sume a gobernadores, intendentes del GBA y sindicalistas; el peronismo está clavado en una encrucijada que hoy no encuentra solución.

Sin una jefatura clara y definida, que es lo que históricamente lo disciplinó y puso en condición de ejercer el poder, sigue teniendo a Cristina Kirchner como la figura con más potencia electoral y mayor convocatoria interna; aunque con inteligencia táctica la ex Presidenta se haya recostado sobre un rincón poco iluminado de la escena para no entorpecer las gestiones de unidad.

Y afronta además, en lo inmediato, un debate acerca de cuál será el grado de adhesión activa a la marcha contra el Gobierno que convoca para el próximo miércoles 21 el jefe camionero Hugo Moyano, justo cuando la Justicia avanza sobre él y su familia con causas por fraude, asociación ilícita, desvío de fondos y lindezas por el estilo.

Si Cristina y Moyano son los factores de mayor gravitación en el peronismo, Macri puede seguir tolerando errores propios –en la gestión y en la política- sin que el balance final con la oposición, de cara al conjunto de la sociedad, lo coloque hoy en zona de riesgo.

El Gobierno eligió hace tiempo a Cristina como su contracara más conveniente. Y ahora ha hecho lo mismo, de modo intensivo, con Moyano. Pero el Presidente haría bien en no abusar de esa ventaja comparativa. El humor de la sociedad, cuando cambia de rumbo, siempre encuentra una herramienta institucional que lo exprese. La historia de Macri y de Cambiemos es el ejemplo más cercano.

La jornada peronista de esta tarde se realizará en la UMET, el instituto universitario de la calle Sarmiento creado por el próspero sindicato de encargados de edificios que lidera Víctor Santa María, quien está involucrado en investigaciones judiciales tanto o más graves que las de Moyano.

El trabajo de convocatoria reconoce una tarea esforzada de la Mesa de Unidad, que integran los kirchneristas cristinistas Agustín Rossi y Daniel Filmus; los ex kirchneristas hoy randazzistas Alberto Fernández y Fernando “Chino” Navarro y los ex kirchneristas hoy massistas Felipe Solá y Daniel Arroyo.

Buscaron superar diferencias que los dividieron desde que comenzó el proceso de descomposición y caída del poder kirchnerista. Esa divergencia se expresó después en las distintas posturas respecto de la gestión de Macri: desde la oposición a todo por principio, hasta la búsqueda de un diálogo constructivo con la gestión de Cambiemos que, casualmente, tiene firma autorizada en la chequera del Estado.

Todos los sectores peronistas de oposición cerrada, en lo político, lo social y lo sindical, van a ser parte de esta convocatoria. Pero no todos los dialoguistas ocuparán espacios en las mesas de trabajo. Ni la mayoría de los gobernadores, ni los grandes gremios, ni sus expresiones legislativas se suman a este emprendimiento. Para ellos, Cristina y Moyano –al menos en cuánto a esta marcha de defensa judicial- son límites que no están dispuestos a trasponer.

Un obstáculo a superar fue la resistencia de Sergio Massa a avalar como representativas de su sector las presencias de Solá y Arroyo en la Mesa de Unidad. Los dos diputados son gente grande: no esperaron autorización para meterse de lleno en la tarea unitaria.

Massa tiene que hacer equilibrio. En el Frente Renovador hay resistencias muy fuertes a cualquier acercamiento con el kirchnerismo: la influyente Graciela Camaño es quien lo expresa con más énfasis. Pero además debe evitar que la imagen de un regreso a la estructura peronista le dinamite su delicada alianza con Margarita Stolbizer.

Una charla mano a mano con Navarro, en torno de una mesa bien servida en el tradicional Club Vasco Francés de la calle Moreno, ayudó a superar esa reticencia de Massa. Al parecer, no avalará ni dejará de avalar la presencia de dirigentes de su sector en el intento unitario. Pero ya advirtió que “la unidad que sirve es la que tiene futuro, no el amontonamiento para conseguirle impunidad a algunos”.

Agustín Rossi, jefe de bloque y figura kirchnerista en ascenso, resume el paradigma del momento. Sostiene que “unidad no es uniformidad” y habla de “paciencia y perseverancia” para tolerar y convivir con las diferencias. Es un lenguaje novedoso, que expresa con claridad la pérdida del poder hegemónico de Cristina.

También defiende Rossi la idea de un “frente nacional, popular, democrático y programático”. Dice que habrá que convocar a sectores sociales y a la centroizquierda hoy desperdigada. Menciona a figuras como Pino Solanas y Victoria Donda. Y propone enfrentar a la coalición de partidos que es Cambiemos con una nueva coalición opositora. Es, punto por punto, la estrategia de Unidad Ciudadana, la herramienta que creó Cristina por afuera del peronismo.

Los gestos de generosidad kirchnerista, replicados por los otros sectores peronistas convocantes, pueden resultar sorprendentes, inhabituales y por eso dudarse de su autenticidad. Pero son, en rigor, una necesidad de este momento de liderazgos ausentes y de una pulseada interna, muy dura y sostenida, entre la utopía del regreso al pasado y una apuesta aún incierta al futuro, mientras el presente es todo de Macri.

Esa generosidad no excluye las jugadas típicas de acumulación de poder, que de ellas está hecha la política.

Así, el sector moyanista de la CGT llamó a un encuentro de organizaciones sociales para discutir la adhesión a la marcha contra el Gobierno. Flamante aliado táctico de Pablo Moyano, la coordinación del encuentro fue encomendada al sindicalista ultra K Roberto Baradel. Si lo que se buscaba era amplitud en la convocatoria, el personaje elegido no pareció resultar el más adecuado. Sin mella de que terminen adhiriendo a la marcha con más o menos presencia activa, los tres movimientos sociales más fuertes, CTEP, Barrios de Pie y CCC, anunciaron que no irán al pie de esa conjunción entre adoradores de Cristina y de Moyano.

Recrear la confianza, en un universo estragado por derrotas sucesivas como hoy es el peronismo, requiere de mucho más que el simple propósito de hacerlo.

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