Opinión

AnálisisEl tablero electoral se acomoda para Macri

Por: Carlos Pagni

La política está ofreciendo a Mauricio Macri algunos motivos de celebración. La propuesta de los distintos competidores electorales se está amoldando a sus necesidades. Primero: no apareció, al menos por ahora, un candidato que interpele con éxito a los desencantados de Cambiemos. Segundo: la postulación, en teoría, amigable, de Alberto Fernández no consiguió hasta ahora encolumnar al PJ detrás de Cristina Kirchner. El escenario se aproxima al diseño que más beneficia a Macri: él, al frente del oficialismo; Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, separados del kirchnerismo, y la expresidenta, como figura determinante de Unidad Ciudadana.

Todavía quedan por despejarse un par de incógnitas relevantes. Cuál será la evolución de Roberto Lavagna. Y en qué zona del sistema terminará estacionándose ese electrón loco llamado Massa. Aunque la oferta se organice a favor de Macri, todavía se ignora qué comportamiento tendrá la variable más importante. La demanda. Ese dogma inconmovible con el que Marcos Peña y Jaime Durán Barba piensan los procesos electorales desafía hoy a quienes lo profesan: la gente, y no los dirigentes, es la dueña de su voto.

En el objetivo de mantener disperso al PJ Macri ha contado con tres invalorables colaboradores: Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y, en especial, Juan Schiaretti. Además de su vieja relación con el Presidente, que se reanimó en las últimas semanas, el gobernador de Córdoba tiene un incentivo territorial para impedir la convergencia de todo el peronismo detrás de Cristina Kirchner. Es el fastidio que la expresidenta despierta en los cordobeses, acompañado ahora por la animadversión de Schiaretti por Alberto Fernández. Además de los servicios del empresario polirrubro Guillermo Seita, Schiaretti recurrió para el tejido federal a otro hombre de negocios: el creativo Darío Lanis, quien escondido detrás de su gorra y sus inalterables lentes negros abre la puerta, al mismo tiempo, de Massa, de Marcelo Tinelli, de Martín Lousteau o de Horacio Rodríguez Larreta, con quien aparecieron algunas dificultades de último momento. Lanis fue quien preparó el video con el que Schiaretti comunicó su estrategia de mantenerse separado del kirchnerismo y promover una primaria. Lo grabó antes de reunirse con sus compañeros de Alternativa Federal, también denominado Alternativa Seita. Massa es el miembro más inestable de este club. Una de las razones es su falta de afinidad con el gobernador de Córdoba. Los amigos de Massa se quejan de que, en febrero, Schiaretti lo invitaba a hacer campaña en la provincia, pero los encargados de organizar los actos llegaban siempre más tarde que el candidato. Y eso que para Massa la impuntualidad no tiene secretos.

Los desajustes con Alternativa Federal se explican, además, en los movimientos de Massa hacia el kirchnerismo. Aunque el margen de negociación allí es cada vez más estrecho; a pesar de los esfuerzos de Fernández, quien tiene con Massa infinidad de amigos en común, con Sebastián Eskenazi a la cabeza. A Cristina Kirchner le cayeron pésimo las versiones según las cuales Massa está esperando que ella desista también de la candidatura a vicepresidenta para integrarse a Unidad Ciudadana en una primaria. Tampoco gustó un mensaje llegado desde el massismo empresarial, que proponía compartir las listas de diputados y, como quien no quiere la cosa, reprivatizar YPF a favor de algún amigo. ¿Manzano o Eskenazi? ¿O Manzano y Eskenazi? Alguien se tomó demasiado en serio la flexibilidad de la expresidenta.

Además, si Massa tenía la inconfesable expectativa de ser el postulante a la gobernación de la fórmula Fernández-Kirchner, el lunes pasado le dieron un portazo. La expresidenta, en otro gesto soberano, comunicó el binomio Axel Kicillof-Verónica Magario. En Cambiemos festejan. Con Kicillof alejado de las decisiones económicas, los mercados tienen un motivo menos para presionar sobre el dólar. Además, el lanzamiento de Kicillof es un desaire para los intendentes del conurbano, quienes temen que alguien que profesa una cultura muy distinta, y sobre quien no pesa sospecha alguna de indecencia, se ponga a revisar, como explicó uno de ellos con patibularia imprecisión, «nuestras cosas». A Federico Salvai, el jefe de campaña de María Eugenia Vidal, se le abre un interesante campo para explorar combinaciones locales a partir de este desencanto. Vidal necesita promover el corte de boleta en su favor. Para eso hará una campaña muy bonaerense, recordando la deplorable gestión de Daniel Scioli. Y ubicando a Cristina Kirchner en el casillero que dejó vacante la entrañable Morsa, Aníbal Fernández.

Con un peronismo que mantiene su fractura, la gran preocupación oficial es unificar al antikirchnerismo. El obstáculo es la perseverancia de Lavagna. Los inconvenientes de este candidato para mejorar en las encuestas fueron providenciales para Macri el lunes pasado. Los radicales que manifestaron su disidencia en la convención nacional no pudieron esgrimir «nos vamos con Lavagna» como argumento de coacción. En la UCR triunfó la posición intermedia de quienes pretendían negociar con Macri sin apartarse de Cambiemos: desde el irritado Alfredo Cornejo hasta Emiliano Yacobitti, uno de los cerebros de la carrera de Lousteau. En la Casa Rosada están agradecidos al acuerdismo de Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez, Mario Negri y Gustavo Valdés, el gobernador correntino. Descartada la fractura, la interna es una quimera. Los radicales esperan ahora que el Presidente les conceda el segundo lugar de la fórmula. En la Casa Rosada buscan menos alguien capaz de sumar votos que alguien que haga pensar en un eventual segundo mandato sostenido en acuerdos políticos para encarar las reformas económicas pendientes. En el tope de la lista vuelve a figurar, como hace cuatro años, Ernesto Sanz. Tal vez con el mismo desenlace. La predisposición a pactar podría ejercerse una vez celebradas las primarias, en un entendimiento con el PJ federal para la primera o la segunda vuelta.

Estas coincidencias deberían agudizar la polarización con Cristina Kirchner. La agresividad irá in crescendo. No solo Macri apareció en un acto militar junto a Carlos Stornelli, en una proximidad que perjudica a ambos. Los seguidores de la expresidenta se quejan, con absoluto derecho, del uso electoral de escuchas clandestinas tomadas en el penal de Ezeiza, por cuya divulgación se cruzan reproches la AFI y el juez Federico Villena, cercano a Silvia Majdalani. Delicias de la kirchnerización macrista. Porque Néstor Kirchner utilizó el mismo método en repetidas oportunidades. Es más: en la campaña de 2009 dio una conferencia de prensa leyendo mails privados que se habían publicado en Página/12. Las quejas por el espionaje carcelario son otro signo de la dichosa disociación del kirchnerismo.

Más allá del intento de armar una fórmula que favorezca un entendimiento contra la señora de Kirchner, hay quienes analizan ensayos menos previsibles. Uno de ellos: llevar como vice a Toty Flores, aliado de Elisa Carrió y líder social de La Matanza, y obligar al kirchnerismo enriquecido a discutir con él sobre pobreza. Tal vez sea un camino muy audaz para el cauteloso Macri.

La preocupación por los desencantados que pueda atraer Lavagna sigue dominando al oficialismo. En una elección que se juega en el límite, cualquier voto son muchos votos. Lavagna se reunió anteanoche con sus aliados Margarita Stolbizer y Miguel Lifschitz, para convocarlos a empezar hoy su campaña. El miércoles próximo inaugurará su sede central proselitista, bajo el mecenazgo de Luis Barrionuevo, en Cerrito y Paraguay. Es decir, cerca del estudio Hagen & Asociados, indispensable en sus movimientos de campaña.

De todas las combinaciones disponibles, hay una aún no conjeturada. Que Massa y Lavagna se aproximen. La relación entre ambos está dañada. Pero hay una geometría donde los intereses de ambos podrían cruzarse. Lavagna necesita de un candidato en la provincia de Buenos Aires. La composición Lavagna presidente-Massa gobernador sería dañina para Macri y también para Vidal.

El dirigente de Tigre sigue prometiéndose a sí mismo que jamás se expondrá a la «maldición bonaerense». ¿Hay algún otro entendimiento posible? Entre Lavagna y Massa hay un puente más que obvio: Barrionuevo es uno de los principales soportes del economista, y Graciela Camaño sigue siendo la más importante consejera de Massa. Macri parece interesado en no dejar este cabo suelto. Hoy llegará a Catamarca, acompañado por Dante Camaño, hermano de Graciela y dirigente gastronómico alineado con el oficialismo. A la invitación de Macri no le falta sabiduría: los barrionuevistas no se tentarán con arrojarle huevos, como hicieron con Cristina Kirchner 16 años atrás. La «maldición catamarqueña».

Massa analiza contra reloj qué camino tomar. Está tensionado entre los consejos del catalán Antoni Gutiérrez Rubí, que viene de asesorar a Cristina Kirchner, y las urgencias territoriales de su grupo. El dato principal: Julio Zamora, el intendente de Tigre, participó del lanzamiento de la fórmula Fernández-Kirchner.

Hoy se realizará el congreso del Frente Renovador. Lo más probable es que allí se decida habilitarlo a negociar en 360°. Es decir, también consigo mismo. Una tratativa que Massa debería haber iniciado hace ya bastantes años.

Mientras la oferta electoral se va ordenando con un sesgo favorable al oficialismo, en el Gobierno prestan atención a la demanda. Es decir, a la atracción que despierte Macri, que está tan condicionada por la economía.

El paro de ayer, que se hizo sentir sobre todo en el área metropolitana, indicó el impacto de la recesión. Los grandes productores de alimentos registran caídas en las ventas y una preferencia creciente por las segundas marcas. Además de un avance de la informalidad.

En el oficialismo se inquietan con el dato. Aunque tenga un patético costado positivo: ayer en la Casa Rosada entendían que, en un día negativo para todos los mercados, el peso se revaluó debido a la escasez de esa moneda. Nadie se anima a pronosticar una caída demasiado abrupta de la inflación. Pero sí una mejora del superávit primario y de las exportaciones. Con una novedad inesperada: la lluvia en los Estados Unidos ha desatado una suba llamativa de los precios, sobre todo del maíz. La bendición del azar.

 
 
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