Política

Daniel MuñozEl secretario de los Kirchner habría manejado coimas por 100 millones de dólares

El ex presidente Néstor Kirchner y su secretario Daniel Muñoz, en Chapadmalal, a fines de 2003. FOTO: FABIAN GASTIARENA -

La Justicia tiene indicios ciertos que surgen de testimonios de arrepentidos. Habría montado su propia red de testaferros. Lujos y extravagancias.

Como Oscar Centeno, Daniel Muñoz, ex secretario de total confianza de los Kirchner, también se ganó la vida como remisero. Fue antes de conocer a la familia Kirchner. Muñoz, quien murió en mayo del 2016, se retiró de la función pública en el 2009 declarando ser dueño de dos terrenos, ahorros por 430 mil pesos y un Ford Focus.

Ahora se sabe que tanto él como última pareja, Carolina Pochetti, eran millonarios en dólares. Habían conformado una red de empresas en la Argentina y en el extranjero. Hicieron inversiones por más de 70 millones de dólares, según probó el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la Unidad de Información Financiera (UIF), al mando de Mariano Federici. Muñoz se murió como un magnate. En la causa judicial de los “cuadernos K”, fue señalado como el principal “valijero” del matrimonio Kirchner.

Así lo describen las anotaciones de Centeno, y también las declaraciones judiciales de varios arrepentidos, tanto ex funcionarios como empresarios. Ahora la Justicia indaga si esa fortuna increíble de Muñoz es aún mayor. El juez del caso “Cuadernos”, Claudio Bonadio, y el fiscal, Carlos Stornelli, analizan nuevos indicios que surgieron tras las declaraciones de la “arrepentida” de la causa. Se trata de Elizabeth Municoy, quien aceptó que formaba parte de la estructura societaria que armaron Muñoz y Pochetti.

Si se comprueban como ciertas las afirmaciones de Municoy -ella aportó información concreta al respecto- lo acumulado únicamente por Muñoz podrían ascender a los cien millones de dólares. Lo cierto es que Bonadio y Stornelli quieren congelar esos bienes que se intentaron esconder en bancos de varios países para que sean recuperados por el Estado. Los detalles que contó Municoy al fiscal son notables. Los últimos años de vida de Muñoz y de Pochetti fueron de absoluto lujo y extravagancias. Las Rutas del Dinero K son numerosas, diversas, y de cualidades múltiples.

La hipótesis judicial es que el secretario de Néstor Kirchner fue, también, su testaferro. Y que manejó tanto dinero que él mismo, a su vez, montó una estructura de testaferros propios, y de complejas sociedades off shore que se retroalimentan unas con otras.

Municoy admitió que ella integró esa red ilegal, pero responsabilizó por eso a su ex marido, Sergio Todisco, amigo de Muñoz, oriundo de Mar del Plata. Tanto Todisco como Municoy eran, hasta el año 2010, monotributistas. Ya no.

A ellos se suman más posibles testaferros del posible testaferro de los Kirchner. Uno de ellos Leonardo Temísclotes Cortez, se entregó a la Justicia y hoy está preso por la causa “Cuadernos”.

Según Municoy, Muñoz se compró un automóvil Bentley. Es una marca de autos que ingleses considerados como joyas móviles. Son de los vehículos más caros del mundo. Y suelen tener como compradores a celebridades transnacionales, como la Reina de Inglaterra; Cristiano Ronaldo; o la curiosa estrella pop Paris Hilton.

Esa excentricidad la compra de un Bentley, es solo uno de los detalles que aportó Municoy a la Justicia sobre la fortuna desconocida de Muñoz-Pochetti. También dio pistas de más inmuebles que no se conocían que eran o fueron de su propiedad.

La “arrepentida” habló de varios inmuebles en la Capital Federal y de casi medio centenar de autos de alta gama.

Su viuda, Pochetti, declaró en indagatoria frente a Bonadio y Stornelli y el fiscal Carlos Rivolo. Lloró y dijo que ella desconocía si el origen de los fondos interminables de su esposo muerto eran producto de la corrupción. Está presa.

La red empresaria de Muñoz y Pochetti se dedicó a comprar, entonces, bienes en los Estados Unidos por más de 70 millones de dólares.

Pero gracias al aporte de Municoy los investigadores del caso “Cuadernos” podrían conocer, además, otras inversiones. No solo en la Argentina. También en otro país. Y que no es Estados Unidos.

Detrás de las detenciones de los casi probados testaferros de Muñoz, y de la declaración como arrepentida de Municoy, se esconde una trama judicial que enfrenta a dos juzgados, el de Bonadio que lleva la instrucción de los “Cuadernos K”, y el que tiene al frente a Luis Rodríguez, también con un expediente que debía profundizar hace años en la fortuna de Muñoz, Pochetti, Todisco y, tal vez, los Kirchner.

La celeridad con la que avanzó Bonadio y Stornelli sobre la misma gente que imputó Rodríguez fue disímil. Y permitió detectar los bienes ya conocidos por más de 70 millones de dólares (ver nota en página 16).

Y ahora quizás más bienes o dinero efectivo por  otros veinte o treinta millones de dólares. En total, unos 100 millones de dólares. Dependerá de su descubrimiento judicial y su tasación. El tiempo dirá.

Quizás por cuestiones del azar, por argucias legales, o por aletargamientos propios de autoridades judiciales que ponen más energía en algunos y no en todos de los miles de causas que tratan en sus juzgados, Rodríguez no pudo detectar las mismas maniobras financieras que sí provocaron una dinámica productiva, incluidos arrepentimientos y más presos en la causa “Cuadernos”.

Stornelli, fiscal de los dos casos, le pidió a Rodríguez que congele los fondos en el extranjero que se identificaron como parte de la red creada para evadir controles manejada por Muñoz y Pochetti. Con Rodríguez, incluso, insistió varias veces sobre medidas cautelares al respecto.

En cambio, Bonadio actuó. Decidió indagar, y hasta detuvo y homologó un acuerdo de arrepentimiento de las mismas personas que, según resolvía hasta el momento Rodríguez, no estaban emparentadas con una fortuna multimillonaria en dólares.

Por acciones desconocidas, quizás provocadas por el azar, por argucias legales de cualquier tipo, o trabas con las que parece haberse topado Rodríguez, la viuda Pochetti y su abogado, Miguel Ángel Pló viajaron juntos a Miami. Allí se habrían desprendido de algunas de las inversiones hechas por Muñoz. Fueron aventureros: la Justicia ya investigaba esos manejos por blanqueo de capitales.

Es cierto, también, que medidas procesales de Rodríguez tuvieron consecuencias impensadas: otro de los acusados de ser testaferro de Muñoz, Leonardo Temísclotes Cortez, aprovechó una garantía jurídica otorgada por ese juez para salir del país.

Quien aportó la primera información sobre la fortuna de Todisco y Municoy fue el fiscal de Mar del Plata Juan Manuel Pettigiani. Actuó de oficio cuando aparecieron esos nombres de su ciudad entre el destape de las off shore de Muñoz, conocidas a través del equipo de periodistas que trabajó en los Panamá Papers.

Pettigiani viajó a Miami, se contactó con agentes de Homeland Security, un organismo de los Estados Unidos de seguridad, pero también de seguimiento de dinero de la corrupción que haya pasado o se haya invertido en ese país.El departamento de Justicia de la Casa Blanca ya seguía el dinero de Muñoz. Continuó trabajando sobre esa misma pista.

Tras una primera presentación sobre el tema en la Justicia federal, Pettigiani amplió la documentación al respecto. Fue hace dos años. En la causa en la que Rodríguez no actuó con la misma celeridad que Bonadio y Stornelli en los “Cuadernos K”, a pesar de que éste último le insistió varias veces al juez “original” de la fortuna de Muñoz.

Los hechos son hechos: hay varias Rutas del Dinero K. Por algunas, la Justicia aceleró más que por otras. Los millones, estaban ahí.

 

Fuente: Nicolás Wiñazki para Clarín

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