Opinión

Análisis“El caudillaje argentino”, retrospectiva y vigencia

Gerardo Zamora y Gildo Insfrán Alfredo Sabat - LA NACION

Por Roberto Ibarguren Zorreguieta*

La historia de nuestra organización nacional se vio provista de un nutrido elenco de caudillos distribuidos en el territorio de las denominadas Provincias Unidas del Rio de La Plata, que en verdad de unidas siempre tuvieron poco, especialmente en lo concerniente al desarrollo económico dominado ignominiosamente por la permanente apetencia de la Aduana del Puerto de Buenos Aires, luego del distanciamiento organizacional habido con el Virreinato del Alto Perú, que cortó comunicacional y comercialmente a la Región Norte, del Centro y Pampa Húmeda, empobreciéndola hasta alcanzar niveles de acentuado subdesarrollo, que aun persisten notablemente.

Así en lo político, los caudillos se establecieron y dominaron los territorios de la antigua colonia hispánica, ejerciendo un poder omnímodo y cuasi salvaje en lo administrativo, económico, y social. Ello se constituyó en sistema, conformándose la estructura del “cacicazgo”, coloreado de pseudo democracia con atraso indiscutible que se increcentara avanzando en el empobrecimiento progresivo y creciente, especialmente de las Provincias de las Regiones Noa y Nea, luego también extendido a las nuevas Provincias Patagónicas, no obstante sus valiosos recursos energéticos, y de también muy baja densidad poblacional.

El sistema del cacicazgo, se define entonces como de permanencia del dominio y manejo del marco político institucional predominante en una gran parte de la jurisdicción argentina. El mismo proviene originalmente de la organización nacional, la época conservadora, prosigue con las conducciones radicales, y alcanza su máxima expresión con el fenómeno masivo del peronismo, que termina prevaleciendo en la parte más pobre del país actual.

El cacicazgo vistió a nuestra república de conducciones fuertemente personalistas con sucesiones políticas plenamente enmarcadas en el nepotismo, designando parientes y amigos en las administraciones públicas, sin contar los mismos usualmente con la prevalencia de la capacidad para tales funciones. De esta manera, hasta se accedió a la más alta magistratura de la Nación, con las designaciones de cónyugues en las sucesiones presidenciales, o en los ejercicios legislativos provinciales y nacionales. Semejante distorsión  en lo democrático representativo, republicano y federal, continúa no obstante ya adentrado el Siglo XXI, de manera regular, e institucionalmente aceptado por gran parte del electorado.

Si transicionamos y accedemos hasta el actual panorama político nacional, podemos visualizar nítidamente  una suerte de dispersión cerebral que predomina en la mayoría de los candidatos del centro, la izquierda, y la derecha política. Los mismos, sin distingo de condiciones, se preocupan brutalmente más por sus propios posicionamientos jerárquicos, que por los problemas a resolver, afectantes del drama socio-económico de la nación, y de la mayoría de sus gentes, necesitadas y desorientadas ya hasta el hartazgo.

Las contradicciones, los incumplimientos de promesas de campañas, la ausencia de contenidos presentes en los candidatos y autoridades aspirantes, que deberán afrontar los más acuciantes temas que están destruyendo la República, se manifiestan nítidamente en la mayoría absoluta de los recientes ganadores y perdedores eleccionarios. Así, ni los gobiernos en ejercicio, ni las oposiciones en ciernes, ofrecen a las gentes propuestas los elementos para aplicarse gradualmente en un verdadero PROYECTO DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL, especialmente dada la adicional retracción gravísima ejercida por la pandemia del Covid 19, tan deficientemente conducida generalmente en la totalidad del país.

Este es el panorama que se avisora nítidamente desde el exterior, y que sufre aceleradamente la mayor parte del pueblo argentino. Pero  sin credibilidad, sin capacidad, sin dedicación responsable, y sin diálogo político-social, el país se destruye irremediablemente sin que su propia población pueda actuar para impedirlo. Consecuentemente, será necesario, que “recapaciten” los sectores oficialistas gubernamentales, y al mismo tiempo las oposiciones, y de no así lograrlo, contribuirán inexorablemente a la destrucción total de la Nación.

Este marco político, económico, institucional argentino, demanda a sus líderes, profesionales, empresariales, gremiales, y resto de la ciudadanía a enrostrar seriamente la necesidad de capacitar rápidamente a las dirigencias, educarlas en el mejor desempeño de sus obligaciones, a moralizar toda la estructura institucional del país, tanto gubernamental como privada, de manera de poder articular sosteniblemente un PROYECTO DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL, mencionado, con la responsabilidad que les compete asimismo al Congreso Nacional y al Poder Judicial tan desprestigiados. Así, las generaciones últimas de los 80, 40, y de los 20 años, deberán optar por corregir este drama, o a propiciar la desaparición del régimen republicano, representativo y federal, de nuestra organización nacional, que ya amenaza con direccionamientos acelerados hacia los regímenes totalitarios del resto del mundo.

 

*El autor es exProfesor e Investigador Asociado, Universidades Nacional de La Plata, y Católica de Salta,  Graduado en las Universidades de Cuyo y de Córdoba.

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