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3-0 a Central CórdobaRiver levantó en Mendoza su tercera Copa Argentina con una goleada y varios lujos

Nacho Scocco (en el primer tiempo), Nacho Fernández y Julián Alvarez (en el segundo) convirtieron los tantos en el estadio Malvinas Argentinas.

River terminó el año con una sonrisa, de festejo y levantando otro trofeo. Una costumbre en el exitoso ciclo de Marcelo Gallardo. Goleó 3-0 a Central Córdoba de Santiago del Estero, en el Malvinas Argentinas de Mendoza, y obtuvo su tercera Copa Argentina y el título número 11 de la era del Muñeco, tras disputar 15 finales. Luego de un inicio con dudas, terminó armando un festival con varios lujos incluidos y demostró que está de pie para encarar nuevos desafíos el próximo año, luego del golpe en Lima en la final perdida de la última Copa Libertadores.

La obtención de esta Copa Argentina le dio a River la clasificación directa a la fase de grupos de la Libertadores 2020. Así, de enero a principios de marzo podrá enfocarse en pelear por la Superliga, en la que le faltan jugar ocho encuentros ya que evitó los cuatro partidos del Repechaje del certamen continental. Disputará la Supercopa Argentina con Racing, campeón del torneo local de la temporada pasada. Y por el triunfo de anoche cosechó 5.900.000 millones de pesos, contabilizando un total de 14.440.000 millones en toda la Copa Argentina.

Mendoza le sienta bien al River del Muñeco. En su ciclo jugó 10 partidos aquí. Los ganó todos. Y fue campeón tres veces: de la Copa Argentina en 2017 (victoria sobre Atlético Tucumán) y ahora, y también de la Supercopa Argentina en 2018, la que le ganó a Boca.

Anoche, el peso de la final caía sobre las espaldas de River. Y era lógico. Por las enormes diferencias que existen entre el coloso de Núñez y el humilde equipo de Santiago del Estero. Pero en los primeros minutos del encuentro las distancias se achicaron. Un poco por las dudas y los errores individuales del conjunto de Gallardo. Otro poco porque los guerreros del Sapito Coleoni no tenían nada que perder y no sintieron la presión. Tampoco le temieron al escenario. Salieron a jugársela. Con un esquema aguerrido, de cinco defensores y cuatro volantes, que se convertía en 3-4-2-1 o 3-4-3 cuando los laterales y los volantes externos se soltaban, buscaron presionar y meter, e hicieron transpirar a River más de la cuenta.

Vestidos de rojo, tres veces pusieron en aprietos a su rival de banda roja, salvados por Franco Armani, que hizo pequeño su arco. En una ocasión le sacó un remate de afuera a Gervasio Núñez. En la otra le tapó un mano a mano a Jonathan Herrera. Y la tercera no llegó a mayores porque el centrodelantero del equipo santiagueño eligió tirarse en el área cuando había dejado pagando a Lucas Martínez Quarta e iba a hacer lo mismo con Javier Pinola. Pero Facundo Tello no compró el penal.

En River dudaban los marcadores centrales y había imprecisiones. Pero con jerarquía fue acomodando todo de a poco. Había avisado en una jugada en la que combinaron Borré y Scocco pero Salomón se tiró al piso para tapar el remate de Nacho. Luego, Palacios la tiró afuera.

Y a la media hora, River abrió el marcador gracias a una gran acción individual de Scocco, que tiene la fórmula de los vinos añejos. Pasa el tiempo y cada tiene cada vez más calidad. Con un control de zurda y una media vuelta dejó desairados a Salomón y a Vera. El Ruso Rodríguez le tapó el primer tiro pero en el rebote, Nacho la mandó adentro.

A partir del gol, River creció. Se agigantó la figura de Enzo Pérez en el mediocampo, cortando, distribuyendo e iniciando las jugadas de ataque. Casco le daba velocidad y criterio al juego por la banda izquierda. Palacios siguió corriendo y jugando como para tener su mejor despedida. Y De La Cruz recuperaba y volaba. A Borré lo dejaron más de una vez mano a mano, pero el colombiano estaba desconectado. Por eso, el partido no se definió antes.

Al salir Borré, entró Julián Alvarez. Leyó bien el partido Gallardo. Había que dejar el hueco del 9 para la llegada desde atrás. Los Nacho (Scocco y Fernández) se hicieron cargo de la definición. Condujo Fernández, asistió Scocco y definió Fernández entrando como 9. Ahí sí River ya se sintió campeón. Y la esperanza del equipo santiagueño, que había inquietado con algunos centros antes del segundo gol Millonario, se diluyó. Y ni hablar cuando Alvarez empujó a la red la pelota para el tercero tras una jugada que se elaboró con ¡19 pases!

Cerca del final entraron Ponzio y Pratto. Salieron Enzo Pérez y Palacios. Hubo ovaciones para los cuatro. Y River terminó festejando de nuevo en tierras mendocinas y dando otra vuelta olímpica. Y gritando bien fuerte, como viene haciéndolo en el último lustro, ¡dale campeón!

 

 

 

 

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