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SuperligaNewell’s-Rosario Central: otro cero a cero en un clásico caliente

Igualaron sin goles en el Parque de la Independencia. Hubo más pelea que juego y el empate pareció un justo resultado.

Fue el clásico de las limitaciones. Newell´s lo pensó mejor, pero lo ejecutó muy mal. Fallaron los que no pueden fallar. Ni Maxi Rodríguez, ni Mauro Fórmica, ni Víctor Figueroa, los pensantes, los que generan el juego, los que rompen esquemas, aparecieron en escena. Central lo planificó con poca ambición, con una distribución táctica que atentó contra cualquier posibilidad de dominio territorial. Pero acertó en los cambios y terminó con mejor semblante. Hasta contó en el final con chances claras para ganarlo. Fue un empate lógico, al cabo.

El fútbol, se sabe, está plagado de imponderables, de situaciones impensadas que pueden cambiar el rumbo de un partido en una fracción de segundos. Pasó ayer en Rosario. El Patón Bauza movió el banco, saltaron a la cancha Germán Herrera, Maximiliano Lovera, Pablo Becker, tres futbolísticas con poco rodaje y ritmo, y Central encontró la confianza y la seguridad con la pelota que no tuvo a lo largo de todo el partido.

Herrera tuvo el gol con un cabezazo. Tapó Ala Aguerre Lovera desniveló en la primera que tocó, gambeteó en velocidad y quedó debajo del arco con la pelota dominada. Tapó Aguerre. Becker le robó una pelota a Brain Rivero en la salida, enganchó y remató cruzado. Pero tapó Aguerre, la figura más impensada: de no tocar una pelota en 75 minutos a interponerse en tres oportunidades para evitar la derrota de su equipo.

Un triunfo de Central no hubiese sido lógico, ni merecido. El equipo de Bauza juega decididamente mal. Tiene orden y oficio, es cierto. Pero le tiene fobia a la pelota. No tiene circuito de juego, no arma sociedades, no lastima por los costados y no tiene ninguna individualidad que rompa esquemas. Ante esa tesitura, los dos 9 (Zampedri y Riaño) luchan en soledad en medio de la lluvia de pelotazos.

Lo de ayer le tiene que servir de lección a Bauza de cara al futuro. Bastó que pusiera en cancha a Lovera y Becker, dos jugadores con muchos altibajos pero explosivos con espacios, para que Central se adueñara del partido. El fútbol hoy exige de fórmulas para imponerse en un partido. Central tiene una sola: la pelota parada. Una herramienta insuficiente para pensar en equipo protagonista.

Newell´s, si se quiere, es la contracara. Ayer demostró su doble faceta, la de un equipo que sabe a qué quiere jugar, que lo intenta, que busca aferrarse a un libreto, pero que depende mucho de la inspiración y de la jerarquía de un puñado de jugadores. Encima juega sin un goleador. Héctor Bidoglio apostó por el pibe Francisco Fydriszewski en este arranque de ciclo. La lesión contra Boca en el debut le volvió a dar una chance a Luis Leal, quien fue de mayor a menor desde su llegada a Rosario.

Ayer Leal jugó para el aplazo. No aguantó de espalda, no gravitó en el área y perdió siempre cuando se movió a los costados. La actuación del portugués quedó aún más desdibujada por culpa de sus habituales socios. Algo de Maxi Rodríguez; poco de Formica y nada de Figueroa. Las buenas intenciones de Newell´s quedaron en la nada por una floja y muy pobre ejecución.

Fue empate nomás. Y fue justo y lógico. El de Rosario ayer fue el clásico de las limitaciones.

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