Opinión

Analisis El ministro Ginés González García, en la mira y los negocios ocultos de la vacuna rusa

Por Laura Di Marco

La desesperación del gobierno de Alberto Fernández por tener la foto política de la vacunación contra el Covid, tal como había prometido muchas veces y tal como va a suceder con nuestros vecinos chilenos, que cerraron un acuerdo con el laboratorio Pfizer, que al parecer tiene la vacuna más segura, puede derivar en un escándalo. En esta trama te vamos a contar por qué.

La novela negra de la vacuna rusa ya es una tragicomedia.

A pesar de que el ministro de Salud de la Provincia Daniel Gollán dijo que a Vladimir Putin lo tradujeron mal, lo cierto es que Putin admitió que la Sputnik V no es apta para mayores de 60 años y que él no se la va a dar.

Alberto Fernández tiene 61 años, hace poco prometió que será el primero en dársela porque confía plenamente en la efectividad de la vacuna rusa. No se sabe por qué confía, porque todos los especialistas, incluso quienes lo asesoran, admiten que, sobre la Sputnik, hay mucha oscuridad: en principio, no hay información sobre la fase 3.

En realidad el operativo vacunación del Gobierno afronta tres malas noticias: la primera es que las dosis de Oxford/AstraZeneca están demoradas (se trata de la vacuna que se va a producir en la Argentina en los laboratorios del empresario Hugo Sigman, muy ligado al Gobierno). La segunda es que se cayó el acuerdo con la norteamericana Pfizer, y la tercera es que la vacuna rusa no es segura en mayores de 60 años, según anunció hoy la viceministra Carla Vizzotti que está ahora en Rusia.

El cuadro dispara varias preguntas: ¿Qué sentido tiene comprar una vacuna que no inmuniza a quien tiene que inmunizar? ¿Por qué la Argentina no firmó el acuerdo con Pfizer cuando fue la primera vacuna que el Gobierno negoció, en agosto, cuando anunció que el país había sido seleccionado para hacer ensayos clínicos?

Acordate que Pfizer fue la primera que recibió al Presidente. El 10 de julio pasado, Alberto recibió en Olivos al gerente general Pfizer en Argentina, Nicolás Vázquez, y al director científico de la fundación Infant, Fernando Polack: allí se informó, con bombos y platillos, que la Argentina había sido seleccionada para llevar adelante una de las fases de prueba para una posible vacuna contra el coronavirus Covid-19. Ese ensayo clínico ya se hizo en la Argentina con 6 mil voluntarios, liderado por Polack, un científico reconocido en el mundo.

Pfizer firmó acuerdos de suministro de su vacuna con Estados Unidos, la Unión Europea, varios países árabes y en la región con México, Ecuador y Chile. ¿Por qué no en la Argentina? El ministro Ginés, después de haber dicho tantas inconsistencias, no responde.

Los diputados de Juntos por el Cambio reclamaron que Ginés se presente al Congreso junto a la viceministra Carla Vizzotti para dar las explicaciones correspondientes. Los especialistas que asesoran al Gobierno dicen que la vacuna rusa va a ser aprobada por el Anmat en la Argentina. Pero la desconfianza es tal que cabe otra pregunta: con la desesperación que hay para empezar a vacunar y la desconfianza en las instituciones argentinas, ¿cuán confiable es hoy la Anmat?

¿Cuánto influye que el Gobierno garantice un operativo transparente de vacunación para ganar las elecciones del año que viene?

El vicepresidente del PRO, Federico Angelini, denunció lobbies de «amigos empresarios del Gobierno» para que la Argentina no cierre el acuerdo con la compañía norteamericana Pfizer.

La oposición apunta al empresario Hugo Sigman, dueño de laboratorios asociados a la producción de la vacuna de AstraZeneca y muy cercano al ministro de Salud, Ginés González García. ¿Podría haber habido un lobby a favor de empresarios del Gobierno para trabar el acuerdo con Pfizer?

Detrás de la producción de la vacuna en la Argentina hay tres protagonistas que quiero mostrarte y que están muy vinculados a la política y a este Gobierno.

Uno es Juan Manzur, médico, gobernador de Tucumán y principal aliado de Alberto Fernández. Fue ministro de Salud de Cristina Kirchner y está muy conectado con el empresario productor de la vacuna, Hugo Sigman, del esquema AstraZeneca. Tan conectados están que los autores de una biografía sobre Manzur, colegas de La Gaceta («a su salud, la historia del ministro más rico de la era k») le dedican un capítulo a Sigman.

Según afirman cerca de Alberto Fernández, Sigman fue un aportante en la campaña del actual Presidente.

El tercer protagonista de esta trama es el ministro González García que, en 2003, es quien lo mete a Manzur en la política (Balestrini, entonces intendente de La Matanza).

En 2010, ocurrió una trama muy similar a la actual con la gripe A: Cristina Kirchner anunciaba la producción de la vacuna en la Argentina. Y adiviná cuál fue el laboratorio que se benefició con la producción de la vacuna por la gripe A: el grupo Insud, de Sigman, en un convenio muy parecido con un laboratorio extranjero. ¿Y quién era ministro de Salud, durante la gripe A? Juan Manzur. Todos nombres que se repiten.

Manzur sucedió a Graciela Ocaña, que se va del Gobierno en 2009. De acuerdo a este convenio (2010) el gobierno argentino se comprometía a comprar entre 10 y 12 millones de dosis de vacuna para la gripe «A».

¿Y qué pasó con esas dosis? Según la diputada Ocaña, la mitad de esas dosis nunca llegaron a la gente y no se sabe dónde están.

Cosas bizarras que pasan en la Argentina:

Ascenso: Mercedes Marcó del Pont ascendió dentro de la Afip a la exesposa de Alberto Fernández. Lo hizo por «reconocimiento al mérito» y en el marco de una suba general de categoría para los empleados del organismo. Suena raro porque Alberto Fernández no cree en la meritocracia, pero parece que Marcó del Pont sí.
Persecución a «patriotas»: el kirchnerismo se movilizó en apoyo a Amado Boudou y contra la Corte Suprema. Los convocantes fueron La Cámpora y el partido de D’Elía y Esteche.
«Los persiguen por patriotas» y «el verdadero enemigo es el poder judicial», fueron los eslogans de la convocatoria. Figuraban en los afiches los rostros de Cristina Kirchner, Amado Boudou, Milagro Sala, Juan Pablo Schiavi, Fernando Esteche, Julio De Vido, Ricardo Jaime, Roberto Baratta, Omar «Caballo» Suárez y Juan Pablo «Pata» Medina.

Y mientras todas estas cosas de la Argentina bizarra suceden, hay preocupación por la escalada de precios a medida que se acercan las fiestas y un nuevo intento de control de precios: la receta vieja, conocida y fracasada de los populismos.

Albert Einstein decía: «Locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes».

¿Aprovechará la Argentina para 2021 la bonanza que muchos especialistas u organismos como la Cepal vaticinan para América Latina por el aumento en los precios de las materias primas o será otra oportunidad perdida? ¿Con el efecto rebote, alcanza?

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