Opinión

Análisis“El Esperpento”

Por Carlos Saravia Day

El esperpento es un género literario donde se pinta una realidad deformada y grotesca con los valores degradados. Una situación o una persona que se destacada por su fealdad, desaliño o apariencia ridícula y deforme.

Ramón del Valle Inclán caracteriza así a sus personajes como esperpentos.

El peronismo desde sus orígenes funcionó en forma machihembrada. Perón-Perón fue la fórmula tautologíca. Así asoma el poder vicario, en comodato o préstamo de uso o el poder detrás del trono.

El trono del rey y el sillón de Rivadavia están hechos de tablas y brocado, todo depende de quién se siente en el él, decía Tayllerand en tiempos de Napoleón o también de quién se esconde detrás para hacer política al dictado.

Alguna vez la consigna peronista fue: “Cámpora al gobierno-Perón al poder”.

Nadie puede negar que en tiempos de Perón y después con Isabel Martínez de Perón, López Rega, “El brujo” cumplió con el papel de ministro, hechicero y también con el rol de señor de horca y cuchillo.

Hoy se agregó la “dedocracia”, el dedo indica, el dedo decide y el agraciado fue Alberto Fernández y la elección se complementó. Tiempo después Cristina Kirchner decía: “Solo tengan temor a Dios y un poquito a mí”. Una concepción un tanto escatológica del poder y del miedo.

El poder vicario quedaba claro, nadie podía dudar en quién residía el poder. Fernández era un presidente invalido, un títere, un ente mediatizado obediente a los dictámenes ajenos. Como decían los romanos un imbécil y un mentecato (imbécil literalmente quiere decir débil y mentecato, la palabra lo dice: el que tiene la mente captada, no emancipada. La emancipación consiste en la facultad de poder decidir libremente los propios actos.

Hasta los aplausos eran prestados.

En Roma, muerto Augusto, Livia su mujer seguía gobernando desde la sombra detrás del trono. Se caracterizaba por su astucia, tanto es así que su bisnieto Calígula la llamó “Ulises Stolutus”, Ulises con estola, versión femenina del héroe mitológico.

La estola distinguía a las matronas romanas y solía ponerse sobre la túnica, Livia siempre la usaba y que Calígula conjugaba a la perfección con la reconocida sagacidad de Ulises, fértil en trazas, ardides y astucias.

Aunque Livia no podía ejercer el poder político, si se vistió de la “majestad”, dignidad de honor, en una palabra, ejerció el poder hasta su muerte a los 87 años.

Su bisnieto Calígula le dedicó un sentido discurso fúnebre. De paso hizo senador a “Incitatus” su caballo. No había diario de sesiones por lo que de su actuación como senador nada se sabe, pero su nombre se hizo inmortal como el de Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno.

Cada vez creo más en el lenguaje de los relinchos, llamado hipomancia, que en la palabra de los hombres se usa para ocultar los pensamientos.

¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? reclama el poeta Quevedo en su sentencia.

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