Opinión

AnálisisVicentin, Latam, default: las razones de Alberto Fernández para comprar «ideas locas»

Por Laura Di Marco

  • La estatización de Vicentin, la expulsión de Latam del mercado aerocomercial -indignación en las redes sociales-, el peligro de un nuevo default, que reafirma al país como un defaulteador serial y, por supuesto, el aumento del riesgo país que se produjo hoy al empeorar las expectativas sobre el canje de la deuda forman un combo de «hechos locos».
  • Hechos locos, derivado de «ideas locas», como el propio Presidente ha definido.
  • El Presidente también dijo, a priori, no estar de acuerdo con estas ideas, que vienen del búnker de Cristina Kirchner y La Cámpora. Pero luego pasan algunos días -a veces, horas- y las termina llevando adelante. ¿Por qué?
  • ¿Todas estas «ideas locas» son aisladas o son parte de un nuevo orden político, social, económico, tal como venimos planteando aquí, en La trama?
  • El kirchnerismo y el propio Presidente ya desplegaron un relato para justificar el cierre de las operaciones de Latam en la Argentina. Como todo relato, tiene una parte de verdad y otra gran parte de mentira: lo justifican en la pandemia, que perjudicó a todas las líneas aéreas del mundo.
  • Lo que no dice el Presidente es que, en nombre de la «soberanía de los cielos», desde la estatización de Aerolíneas, en 2008, los argentinos venimos poniendo un promedio de 1 millón y medio de dólares por día, a través de los impuestos que pagás vos y yo.
  • ¿Con qué objetivo? El de configurar a Aerolíneas Argentinas como una empresa estatal monopólica (que pueda fijar tarifas a cualquier precio), manejada por los gremios y por La Cámpora.
  • Una compañía que, por ejemplo, suspendió empleados durante la cuarentena, pero que se dio el lujo de no bajar los sueldos -solo dejó de pagar cargas sociales-, como sí sucedió en todos los países del mundo con las líneas aéreas, que obviamente no están facturando.
  • Latam fue intimada, solo en la Argentina , a una «idea loca»: pagar el 100 por ciento de sus salarios. Fue la gota que rebasó el vaso, después de años de una competencia totalmente desbalanceada.
  • La diferencia es obvia: los estados pueden emitir (para pagar sueldos); las empresas, no. La prueba de esa cancha desnivelada está en que, no solo Latam está en problemas, las demás líneas aéreas que quedan en el país, también.
  • Es interesante escuchar el relato de Pablo Biró, el secretario general de la Asociación de Pilotos (APLA), sobre Latam. Biró es una suerte de «Moyano de los cielos», que llegó al gremio de la mano de La Cámpora. Ayer dijo que el Presidente estaba recibiendo una «extorsión» por parte de la compañía.
  • Realmente escuchar a Biró hablando de extorsión es como si a Barreda se le hubiera ocurrido ir a una marcha de «ni una menos».
  • Otro tramo del relato en el que Biró muestra la hilacha es cuando ataca a las low-cost: «Sirven para lavar dinero», dice en referencia a compañías que, por sus tarifas bajas, les permitieron volar a argentinos de clase media baja que jamás se habían subido a un avión. ¿Acaso un gremialista, en un país normal, no debería defender eso?
  • Pero, ¿por qué Alberto ejecuta «ideas locas» que supuestamente no comparte? ¿Por qué parece dispuesto a pagar el costo político por el derrumbe económico y la miseria que sobrevendrá después de la pandemia? Acordate que Cristina no apareció jamás apoyándolo en las sucesivas extensiones de la cuarentena. El que se desgasta es él, el que viene bajando en las encuestas es él.
  • José Pepe Nun tiene una teoría: Alberto nunca dejó de ser el jefe de Gabinete de Cristina. Parece tener sentido: solo un jefe de Gabinete ejecuta ideas de otros y permite que le copen el gobierno en lugares estratégicos por caja e inserción territorial.
  • ¿Hasta dónde puede llegar comprando «ideas locas»? Aquí se abre un debate entre los que creen que podría llegar hasta Venezuela y los que creemos que la chavización de la Argentina no es tan fácil. Por varias razones:
  • Las elecciones de 2019 terminaron 40 a 48. La Argentina tiene dos coaliciones, la gobernante y la opositora, muy competitivas, un escenario muy diferente a 2011, que ganó 54 a 17.
  • Para cambiar la constitución son necesarios los dos tercios de los votos en el Congreso.
  • La existencia de una clase media y un sector agroexportador -el campo- que siempre funcionaron como un límite frente a los avances hegemónicos.
  • Ideas locas. Esas son las que nos llevaron al delicado punto en el que nos encontramos hoy. Como dice el lema de alcohólicos anónimos, que muy bien se le podría aplicar a la Argentina: «Tus buenas ideas son las que te han traído hasta aquí».

 

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