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Entrevista Tawakkul Karman, Nobel de la Paz y emblema de la “Primavera Árabe”: “Fueron las mujeres las que comandaron la revolución contra los dictadores”

Figura saliente de la lucha por los derechos de las mujeres y considerada por muchos como la gran gestora de la rebelión pacífica contra el dictador yemení Ali Abdullah Saleh en 2011, habló con Infobae durante su paso por la Argentina

Desde hace varios años vive oculta, en el exilio. Pero dice que no le importa. Con 39 años la activista yemení Tawakkul Karman, para muchos el ícono de la rebelión pacífica que tuvo lugar en su país en 2011 durante la serie de manifestaciones populares que se conocieron como la “Primavera Árabe” en diferentes naciones, se alejó todavía más de su tierra, que por estos días se encuentra convulsionada por una guerra cruenta que lleva más de tres años y miles de muertos.

Pese a todo -la situación en Yemen es, según Naciones Unidas, el peor desastre humanitario causado por el hombre en años, con brotes de cólera que afectan a miles de personas y el riesgo de una hambruna devastadora– se anima a hablar de la importancia de la rebelión pacífica, de seguir intentando, de futuro.

De paso por la Argentina, donde fue invitada a participar del ciclo de conferencias Santa Fe Debate Ideas junto a la antropóloga argentina Rita Segato, recibe a Infobae en la ciudad de Rosario.

—En este lado del mundo a veces es difícil comprender lo que ocurre en el mundo árabe y en particular lo que viven las mujeres allí. ¿Cómo lo explicaría?

—Las mujeres en los países árabes viven bajo regímenes amenazantes. Ahí sueñan, luchan, pelean para llegar a un momento en el que serán libres de las dictaduras, del terrorismo, de la corrupción. Por lo tanto las mujeres están en medio de una batalla por la libertad y buscando la libertad. Cargan con este sueño adelante, se sacrifican por todos y creo que al final ganarán la pelea.

—¿Cree que en tiempos tan convulsionados se puede, como usted propone, que esa batalla se lleve adelante de una manera pacífica?

—Mi lucha es la misma que la de cualquier mujer de mi región. Nosotros, en países como el mío, en los países de la Primavera Árabe, como Egipto, Túnez y otros, conseguimos la más pura de las luchas, que es vencer a los dictadores y sustituirlos. Pasó con Ben Ali en Túnez, con Ali Abdullah Saleh en Yemen, con Gadafi en Libia. Así que este es el primer paso de la lucha, el primer paso para una revolución. Lamentablemente ahora lo que está aconteciendo es la contrarrevolución. Y esta contrarrevolución tiene varias caras: la cara de la milicia, la cara de un golpe militar y también la del terrorismo. En mi país, Yemen, tenemos el golpe de las milicias, entre otras cosas, y una guerra espantosa. El objetivo de quienes están detrás es terminar con nuestro crecimiento, buscan revancha por la propagación que habíamos conseguido. Tienen tanto miedo a la democracia que creen que se puede llegar a propagar entre otros países monárquicos o con regímenes dictatoriales.

—¿Cuál es el costo de toda esta lucha?

—Estamos pagando el costo de sacrificarnos en pos de la libertad y ahora estamos enfrentando una lucha espantosa. Pero no vamos a parar, no nos vamos a rendir y vamos a continuar hasta ganar esta batalla. Porque cuando nosotros empezamos esta batalla sabíamos que íbamos a tener que pagar este precio y sabíamos que esto pasa en cada gran revolución. Ustedes en Argentina lo saben bien después de haber vivido bajo un gobierno militar. Nosotros sabemos que vamos a pagar este costo pero, al final, si yo no logro conseguir este sueño, al menos lo harán mis hijos. Y la próxima generación sí lo conseguirá.

—En este contexto, ¿qué pasa entonces con las mujeres y sus derechos?

—El rol de las mujeres antes de la revolución y después de la contrarrevolución es el de víctimas. Ahora enfrentamos de esa manera la contrarrevolución. Pero durante la revolución y dentro del período de transición, entre 2011 y 2014, la mujer era la líder.Fueron las mujeres las que comandaron la revolución contra los dictadores y las que lideraron durante el período de transición. La mujer participó en los detalles de la revolución y del período posterior, en temas como redactar una constitución, en distintos espacios de diálogos nacionales. Y además consiguió un montón de logros, obtuvo grandes victorias en lo que tiene que ver con la democracia, la educación, los derechos de los niños, especialmente en la legislación.

—¿Y qué pasó con esos logros?

—En este período de la contrarrevolución, ellos se empezaron a preocupar por ese crecimiento de derechos y comenzaron a frenarlos. Y ahora estamos ante esta guerra espantosa y esto pone a Yemen entre una de las peores catástrofes humanitarias del mundo. Esta guerra debe terminar. Los perpetradores que se están enriqueciendo mediante esta guerra tienen que ser frenados. Mientras tanto, las mujeres comunes están bajo ataque, como tantos otros, muchas veces aéreos o con bombas. También están amenazadas por el hambre, la falta de agua y otros problemas serios.

 Ahora estamos ante esta guerra espantosa y esto pone a Yemen entre una de las peores catástrofes humanitarias del mundo

—Creó la organización “Mujeres periodistas sin cadenas”. ¿Qué ocurre con los medios y esta catástrofe que usted describe? ¿Cuál debería ser su rol en estos tiempos?

—Creo en la importancia de los medios y su rol de defender los derechos humanos, de mostrar la corrupción y de pelear contra el terrorismo. Yo creo que no existe la democracia sin libertad de expresión. Un país que se define a sí mismo como una democracia pero no tiene el derecho real a la libertad de expresión está mintiendo. O simplemente está usando la libertad de expresión o la libertad de prensa como un decorado. La puerta verdadera para una auténtica democracia es el derecho a la libertad de expresión. Una de las razones por las que llevamos adelante la revolución es para garantizar el derecho a la libertad de expresión, es para garantizar el derecho a la libertad de prensa. ¡Y lo usamos! No es que solamente pedimos ese derecho sino que lo usamos como unos de nuestros derechos básicos.

—¿Cómo reaccionaron los dictadores cuando lo hicieron?

—Eso hizo enloquecer a los regímenes autoritarios. Porque lo usamos como pudimos, en internet y con los servicios de teléfonos celulares. Nosotros hicimos que los medios jugaran un gran rol en que la gente tomara conciencia antes de la revolución. Y dentro de la revolución hicimos que la gente se reuniera, que levantara sus voces contra la injusticia y que se uniera con nosotros a la revolución. Especialmente las redes sociales son importantes porque reflejan lo que pasa en la calle. Ahora incluso juegan un papel bueno frente a la guerra y las muertes. Pero, en la vereda opuesta, los dictadores y los regímenes autoritarios aprendieron cómo usarlas también. Entonces ahora ellos usan herramientas que nosotros llamamos “ejércitos electrónicos”. En Twitter, en Facebook son un verdadero ejército y su objetivo principal es atacar nuestras actividades, a nosotros mismos y a nuestros temas. Y ellos tienen un enorme poderío.

 Un país que se define a sí mismo como una democracia pero no tiene el derecho real a la libertad de expresión está mintiendo. O simplemente está usando la libertad de expresión o lo libertad de prensa como un decorado

—¿Qué les dejó la Primavera Árabe? ¿Aprendieron algún tipo de lección?

—Lo que aprendimos es que no hay nada que pueda detener un movimiento sin violencia como el que encabezamos. La lección más importante es que después de combatir a los dictadores, los revolucionarios deben unirse más antes que pelearse entre ellos. Porque de esas divisiones y peleas los regímenes autoritarios toman ventaja. Esta es una cosa importante: usar métodos no violentos, pese a que los dictadores y los poderosos usen la violencia. La no violencia es la herramienta más importante que tenemos. Y otra lección: la batalla no se termina, es continua, hasta garantizar que los países se conviertan en verdaderas democracias.

—¿Cómo analiza la llamada “Era Trump” en lo que concierne a los derechos humanos y de las mujeres?

—Creo que Trump es una de las caras del deterioro de lo que pasa en todo el mundo. Hay un incremento en el racismo, en el terrorismo y en el extremismo. Pero lo que yo creo es que la gente se unirá para combatir esto. Me siento frustrada muchas veces con lo que ocurre con el racismo creciente, con el terrorismo y demás, pero por otro lado soy optimista porque noto que hay una gran conciencia en los medios, en los movimientos por los derechos humanos, entre la gente que está en contra de todo ese deterioro. Así que confío en que los estadounidenses no permitirán que esto siga. Y lo mismo creo en América Latina. Creo que los pueblos no van a tolerar ese deterioro ni que las personas tan extremistas gobiernen sus vidas. Lo mismo espero en nuestro país, Yemen, incluso con todos los sacrificios que hicimos y hacemos, ¡no nos vamos a rendir! Así que el futuro es nuestro, no es de los dictadores o de las personas que los sostienen.

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