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IndiaSentinel del Norte: la sorprendente vida de una tribu primitiva aislada del mundo

En medio de la pandemia, los habitantes de la remota Isla Sentinel del Norte, en la Bahía de Bengala, administrada oficialmente por el gobierno de India, son de los pocos seres humanos que parecen estar a salvo del Covid-19. No porque sean inmunes al virus, sino porque están completamente aislados del mundo, ajenos a cualquier evento que suceda más allá de su pequeña isla de 59,67 km2. Según estudios realizados por la Universidad de Oslo en 2002, se cataloga a los sentineleses como un pueblo asiático, pese a que sus características físicas y genéticas son casi idénticas a las de los pueblos africanos de hace 60 mil años. Forman parte de uno de los primeros éxodos masivos que recorrieron las costas persas e indias. Parte de esa migración continuó por el continente hacia Japón y otra se adentró en el océano hacia Australia. Un centenar de expedicionarios dio por finalizada su travesía en este pequeño islote del que nunca han vuelto a salir.

Considerada una de las tribus más primitivas del mundo, es poco lo que se sabe de ella. Su población se estima en apenas unos 150 habitantes y está considerada en peligro de extinción. También se sabe que son cazadores y recolectores, diestros en el uso del arco y flecha pero no conocen la agricultura; serían capaces de utilizar el fuego pero no de hacerlo y no muestran una jerarquía social definida. De las tribus no contactadas, es la única que sobrevive en una isla, lo que les proporciona una defensa natural y efectiva. Su resistencia a todo contacto con el mundo hace muy difícil acercarse a ellos, son muy hostiles con los extranjeros y rechazan agresivamente cualquier contacto con la civilización. Justamente, debido a su aislamiento extremo no han desarrollado un sistema inmunológico que les proteja de enfermedades comunes como la gripe o el sarampión. Por esa razón, desde hace algunos años se encuentran bajo protección de la legislación india, que prohíbe acercarse a menos de cinco kilómetros de la isla, así como fotografiar o filmar esta comunidad.

Sucede que los sentineleses, gentilicio de los habitantes de esta isla que integra el archipiélago de Andamán y Nicobar, en el Océano Indico, a más de mil kilómetros de cualquier puerto de salida en India continental, son una de las últimas tribus que se conservan fuera de todo contacto con el mundo exterior.

Si bien el archipiélago alberga cinco tribus catalogadas como «especialmente vulnerables», junto a los Jarawas, los Gran Andamaneses, los Onge y los Shompen, los sentineleses jamás se han integrado al resto de la comunidad isleña. Entre los investigadores que tuvieron un acercamiento a esas islas vecinas, el profesor de la Universidad Deccan, Shailendra Mohan, se dedicó a estudiar las lenguas tribales del archipiélago entre 2001 y 2002, y en su informe final revalidó la conclusión de que «los sentineleses son un pueblo puro, no mezclado».

Trilokinath Pandit lo hizo

Antes de promulgar las leyes de protección, por un período de tres décadas, las autoridades indias organizaron expediciones de contacto limitado. Al frente de dichas expediciones se encontraba el antropólogo indio Trilokinath Pandit, el único hombre que ha mantenido un contacto más o menos habitual con los sentineleses a lo largo de su historia y sobrevivió para contarlo.

Su primera aproximación a la isla Sentinel del Norte se remonta a 1967, con sucesivas expediciones entre 1970 y 1973. Según consignó en un artículo publicado por The Independent, en todas estas oportunidades fueron rechazadas con flechas. Regresaron un año más tarde, esta vez con cocos y un cerdo vivo de regalo, que dejaron en la costa. «Nos dan la espalda y se sientan en cuclillas como para defecar. Pretenden insultarnos y decir que no somos bienvenidos», describía el antropólogo en su diario.

Igualmente continuó con un plan de visitas regulares que poco a poco fueron recibidas con menor hostilidad. Así durante 24 años, hasta que por fin, el 4 de enero de 1991, el grupo de exploradores encabezado por Pandit fue recibido en la costa por un grupo de 28 sentineleses, entre hombres, mujeres y niños desarmados. Incluso hubo intercambios de cocos y gestos. Pero la buena predisposición duró sólo por un día, y repentinamente volvieron a mostrarse hostiles.

En 1981, el barco MV Primrose se aproximó por demás y quedó encajado en la barrera de coral que protege la isla. Los tripulantes fueron rescatados en helicóptero, y el barco fue abandonado en el lugar, donde permanece encallado hasta hoy. En sus visitas posteriores, Pandit y su equipo documentaron un sorprendente hallazgo: las flechas con las que les atacaban ya no tenían puntas de madera sino de hierro. En un chasquido de dedos, el barco abandonado los había transportado a la Edad de Hierro. En cualquier caso, los investigadores conjeturan que los sentineleses serían, de algún modo, conscientes del mundo que les rodea. Al menos de los enormes cargueros que se desplazan a lo lejos o aviones que sobrevuelan su isla.

Tres años después de aquel único contacto exitoso, y frente a la hostilidad renovada de sus habitantes, el gobierno de India decidió suspender para siempre las expediciones a la isla y declararla zona de exclusión.

Triste final del misionero Chau

La última noticia conocida sobre los habitantes de la isla se remonta poco menos de dos años atrás, cuando en noviembre de 2018, un joven misionero norteamericano intentó acercarse para evangelizarlos, pero sus planes no resultaron como esperaba. Lo mataron a flechazos mientras gritaba Jesus loves you.

Originario del estado de Alabama, el joven John Allen Chau, de 27 años, colaboraba con el portal Outbound Collective, que recoge historias de viajeros, donde unos años antes de su desdichada aventura recordaba que había comenzado a sentir la necesidad de conocer otros mundos desde muy pequeño, cuando jugaba con su hermano con lanzas creadas por ellos mismos con palos. «Ya sea un trekking por densos bosques vírgenes cerca del río Chilliwack, encontrar una cascada en la selva de Andamán o simplemente vagar por una ciudad para sentir sus vibraciones, soy explorador de corazón», aseguraba.

Por su parte, el grupo activista Survival International, que defiende los derechos de este tipo de comunidades, advirtió que Chau podría haber pasado gérmenes con el potencial de acabar con la tribu entera.

Claramente, a la hora de planificar las próximas vacaciones no sería recomendable acercarse demasiado a la isla. Si bien la muerte del predicador Chau fue la más reciente, los intentos fallidos de contacto se han documentado desde por lo menos, 1771. Uno de los más relevantes se produjo en 1867 cuando un barco mercante indio, el Nineveh, quedó atrapado en el arrecife de coral que rodea a la isla. Su tripulación llegó a la costa en botes de emergencia y fue hallada muerta meses después por un barco de rescate de la Royal Navy.

Trece años más tarde, otra expedición británica se adentró en la isla. En esta ocasión los nativos se escondieron de ellos, aunque el grupo de exploración acabó capturando a una pareja de ancianos y a cuatro niños que trasladaron a Port Blair para su estudio. Todos enfermaron a los pocos días, los adultos murieron y los menores fueron devueltos a la isla, cargados de regalos. Se desconocen las consecuencias exactas que esto tuvo para la población nativa, pero los antropólogos de la región han mencionado habitualmente este capítulo como posible explicación a su actitud hostil hacia los extraños.

En 1974, un director de cine que visitó el lugar recibió un flechazo en una pierna, cuando su equipo intentaba filmar un documental para la National Geographic. Más cerca en el tiempo, luego del tsunami que afectó la región en diciembre de 2004, las autoridades sobrevolaron la isla para comprobar si habían sobrevivido y fueron recibidos con flechazos. En 2006, dos pescadores fueron asesinados por esta tribu cuando su bote se desplazó un poco más de la cuenta sobre la orilla.

Ajenos a la pandemia del Covid 19 que azota al mundo, por lo pronto sus habitantes disfrutan como ninguno de su aislamiento, en plena armonía y equilibrio con la naturaleza. Para ellos, la nueva normalidad es la misma normalidad desde hace 60 mil años.

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