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Santa Victoria EsteRogelio Nerón cerró la Municipalidad y no atiende el teléfono

En Santa Victoria Este se vive un caos en la comuna, donde los funcionarios exigen que el intendente cumpla su función

En Santa Victoria Este los problemas y las inequidades compiten por aflorar cada vez con más ímpetu, como una plaga, como una peste, como un remolino que levanta con fuerza la polvareda que se mete en los ojos y pincha la piel. El hambre de los wichis no se acaba y quizás sea el hambre la que acabe con todos ellos en un futuro no lejano. La miseria de vivir en taperas es la regla en este chaco abandonado. Hasta los ataúdes para los muertos son escasos y más de uno ya volvió a la tierra sin la digna caja de madera. Ni los perros, que son cientos, comen… son espectros con el cuero pegado a las costillas. Todas las esperanzas, pero todas, estaban centradas en el intendente wichi Rogelio Nerón quien asumió en diciembre, siendo depositario de la fe dogmática de su etnia y de muchos criollos que querían olvidar la indiferencia de Moisés Balderrama, el anterior intendente, y de los legisladores de Rivadavia, que eternizados en los cargos, nunca honraron a quienes los pusieron en esas cómodas y bien rentadas bancas.

Pero la muerte de un pescador de La Puntana, que se ahogó en el Pilcomayo hace una semana, destapó una olla de intrigas en la Municipalidad de Santa Victoria Este, y dejó saber que el flamante intendente wichi no tiene diálogo con sus funcionarios, a quienes no les permite tomar decisiones ni acceder a ningún presupuesto para gastos de sus áreas. Todo surgió porque el secretario de Acción Social, Marcos Lucas, contó que no había un cajón para sepultar al pescador. Luego, Pedro Lozano apoyó los dichos de Marcos Lucas y además dijo que él, como secretario de Obras Públicas, no accede ni a un foco para el alumbrado público y graficó: «El pueblo de Santa Victoria se va apagando».

Los funcionarios cargaron las tintas contra la sobrina del intendente Nerón y encargada de Hacienda de la comuna, Julieta Cataldo, a quien acusaron de realizar gastos inexplicables como alquiler de vehículos y viviendas, y de no liberar fondos para cosas básicas como comprar unas tablas para construir un ataúd; o un foco para el alumbrado público.

Enfurecido con ellos, Nerón hizo saber que pensaría hasta el lunes pasado si echaba a Marcos Lucas por sus dichos. También puso en jaque a Pedro Lozano, un dirigente wichi con mucho peso en la etnia. Lo cierto es que ambos funcionarios, Lucas y Lozano, se presentaron a trabajar este lunes y la Municipalidad estaba cerrada sin aviso. Fueron al Concejo Deliberante, y allí los ediles les informaron que estaban viajando a Salta Capital para pedir informes sobre la gestión de los fondos que le envían a Nerón, porque el intendente no habría respondido a los requerimientos de los ediles. «Desde la primera sesión el Concejo pidió informes y dicen los concejales que nadie les responde. A mi área, que es Obras Públicas, el intendente no nos hizo llegar ningún pedido de informe. Los concejales Dante Andrada, Nolberto Torres y otro más viajaron a Salta con un asesor a buscar información porque el intendente dice que no puede pagar porque no le mandan plata y nadie sabe la verdad», dijo Pedro Lozano.

«La gente se junta en la Municipalidad a pedir ayuda, y ayer vino la policía y los sacó con la fuerza y yo les pregunté si era por el coronavirus y me contestaron que la Municipalidad estaba cerrada y yo ni enterado. Lo llamé más de 6 veces a Nerón y nada, no contesta nunca. Igual me pasé el día llevando agua a la gente, porque no se vive sin agua», contó Pedro.

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