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Dolor en BoedoMurió el Lobo Fischer, legendario goleador de San Lorenzo

Tenía 76 años. Entre 1968 y 1972 dio dos vueltas olímpicas con el Ciclón.

Rodolfo Fischer, legendario goleador de San Lorenzo, murió este viernes a los 76 años. Se trata de una de las grandes figuras de la historia del club de Boedo, que fue campeón con Los Matadores en 1968 y cuatro años más tarde con el equipo que tuvo a Juan Carlos Lorenzo como entrenador y que ganó el Metropolitano -ya había emigrado cuando el Ciclón se quedó con el Nacional de esa misma temporada-.

Nacido en Oberá, Misiones, el 16 de julio de 1944, el Lobo tuvo dos etapas en San Lorenzo de Almagro (1965-72 y 1977-78) y también jugó para Sarmiento de Junín (en 1980 integró el plantel campeón de la Primera B) y para Sportivo Belgrano de San Francisco (1981) en el cierre de su prolífica carrera. 

También tuvo un par de experiencias en Brasil, donde defendió los colores de Botafogo (1972-1976) y de Vitoria. Y en 1979, tras su segunda etapa en Boedo y antes de recalar en Junín, jugó para Once Caldas de Colombia.

Su oportunismo y su olfato goleador también lo llevaron a jugar para la Selección Argentina hasta su partida al fútbol brasileño. Entre 1965 y 1972, anotó 8 tantos en 32 apariciones en partidos internacionales «A».

Y tiene un hito con la casaca albiceleste: se despachó con un histórico póker en la Copa Independencia en un amistoso contra la selección de la Concacaf, en uno de los tres partidos no oficiales con el equipo nacional, ya que no se contabilizan los duelos contra combinados.

Su hijo Guillermo, de 24 años, siguió sus pasos en el deporte. Pero no jugó al fútbol, sino que eligió el handball. Actualmente milita en el Helvetia Anaitasuna, de la liga Asobal de España, además de ser miembro del elenco estable de los Gladiadores, el seleccionado nacional. 

En San Lorenzo, desde su debut el 18 de abril de 1965, jugó 272 partidos y marcó 145 goles. El más recordado es aquel que le anotó a Estudiantes de La Plata de Luis Zubeldía en el Monumental para el triunfo por 2-1 que desembocó en la obtención del Metropolitano de 1968.

Su cosecha personal lo coloca en el cuarto lugar del histórico de máximos artilleros de la historia de San Lorenzo por detrás de José Sanfilippo (207), Diego Garcia (168) y Rinaldo Martino (166) y por delante de Héctor Scotta (139) y Alberto Acosta (123). Además, se erigió en dos oportunidades como top scorer del fútbol local, en el mencionado Metro 68 y en el Nacional 69.

«Gracias a Dios pasé años muy buenos en San Lorenzo, tuvimos grandes equipos, con excelentes jugadores, yo era uno más de ellos. Aquel de Los Matadores en el 68, con el que salimos campeones invictos, fui goleador. También el del 72, por lo menos en la primera etapa. Ese fue un bicampeonato, Metropolitano y Nacional. Son satisfacciones muy grandes», recordó años atrás en una entrevista difundida por Misiones On Line.

Sobre aquel legendario equipo de Los Matadores, el Lobo guardaba el mejor de los recuerdos. «Éramos dirigidos por Tim, con un 4-3-3. Buttice, Villar, Albretch, Calics, Rosl; Rendo, Cocco, Telch; González, Toti Veglio y yo. Pedrito con sus centros me ha hecho hacer muchos goles. Y el Toti, era un genio. Gran equipo en todas sus líneas, Albretch jugó dos Mundiales, Calics también estuvo en la Selección. El tucumano con Passarella son los defensores más goleadores del fútbol argentino. Daniel le ganó por los partidos en Italia. Un penal de Rafael era gol seguro. Era un gran equipo», rememoró en aquella charla.

Y también tenía su visión particular a la hora de elegir al mejor de la historia entre Diego Maradona y Pelé. «Maradona fue lejos el mejor jugador de Argentina.  Pero yo jugué en Brasil, soy argentino, jugué en la Selección contra Brasil, le hice goles, pero para mí el mejor de todos fue Pele. Manejaba las dos piernas, Maradona sólo una. Pelé hizo casi 1.500 goles (sic) en su carrera, Maradona no hizo 350. Esa es una realidad: son más de 1.100 de diferencia. Pelé se elevaba muy bien a pesar de su estatura, la muestra es el gol que le hizo a Italia. Pelé no precisaba gambetearse a medio mundo para hacer un gol, hacia un amague, sacaba un remate de 15, 20, 25 o 30 metros y era gol con derecha o izquierda», sentenciaba.

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