Espectáculos

Tenía 88 añosMurió Berta, la esposa de Tato Bores

Marina Borensztein junto a su madre

Falleció a los 88 años y estuvo 54 casada con Tato. Tenía perfil bajo, tres hijos (Alejandro, Sebastián y Marina) y cinco nietos.

«Vivió una vida plena», aseguró su hijo Alejandro, escritor, arquitecto y columnista de Clarín. «Sólo tuvo algunos episodios de salud en los últimos meses que se le complicaron y finalmente, se fue».

Berta Szpindler había nacido en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1931. A los 23 se casó con Mauricio Borensztein que tenía seis años más. Con el tiempo él se volvería uno de los humoristas y monologuistas más importantes de la Argentina, famoso como Tato Bores.

Berta y Tato se conocieron en el negocio del hermano de Tato, en la avenida Córdoba, donde Berta trabajaba como empleada. Ahí la vió un día Mauricio y nunca más se separaron. Ambos venían de familias de judíos polacos. Además de los tres hijos, tuvieron cinco nietos y pasaron juntos 54 años hasta que Tato murió en 1996.

«Para mi viejo, ella fue lo más importante de su vida. Muchas veces postergó temas laborales por estar con ella», asegura Alejandro. Por otro lado, ella eligió acompañarlo en su carrera, la que ayudó a construir y sostener a lo largo de varias décadas.

«Ella dejó todo por estar junto a él y disfrutó mucho de sus logros y también de los caminos que elegimos cada uno de sus hijos», dice Alejandro. Sebastián es director de cine y TV y Marina fue actriz y es escritora.

De perfil bajo, Tato nombraba constantemente a Berta, en sus programas, en sus monólogos, en las entrevistas. Y sólo una vez, su esposa apareció en televisión, brindando con todo el elenco en el final de uno de sus ciclos. Sin embargo, iban juntos a muchos estrenos teatrales, al cine y no tenían problemas en mostrarse para las fotos.

«Disfrutaba mucho de hacer vida social, ir al teatro, al cine. En el medio, todos los actores y actrices la adoraban, ella estaba siempre presente. Pero le dejaba el lugar de famoso a mi papá», cuenta su hijo.

Muy independiente, Berta vivía sola, en compañía de una mujer que, en los últimos meses, la ayudaba con algunas tareas, cuando su salud se deterioró. «Hasta diciembre estuvo viajando, hacía la vida de una mujer diez años más joven. Siempre se manejó así», dice Borensztein. «Por suerte, tuvo una vida feliz y así la recordaremos».

 

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