Opinión

Análisis Mendoza y su bola de cristal

Por Carlos Pagni

El resultado de las elecciones en Mendoza, donde eligieron a Rodolfo Suárez como nuevo gobernador, tiene una proyección importante sobre la política nacional y sobre todo sobre el futuro de la política en general por algunas peculiaridades de los actores que intervienen en esa disputa, especialmente si uno parte de la hipótesis probable de que llegue un gobierno nacional encabezado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner. ¿Qué cosas podemos mirar en Mendoza que nos permitan vislumbrar un mapa que se va dibujando lentamente sobre la política futura? ¿Qué cosas nos dice Mendoza sobre cómo va a ser, no tanto el gobierno que nos espera, sino la oposición que va a tener ese gobierno?

Una pregunta central que nos deberíamos hacer todos es si la Argentina va hacia un esquema equilibrado de poder o hacia una nueva hegemonía. La clave para contestar eso está más en la oposición que en el Gobierno. Estas son cosas que podemos empezar a contestarnos mirando la elección de Mendoza. El primer dato que hizo que muchos dirigentes de Cambiemos respiraran con la elección de Mendoza es que daría la impresión de que no hay una oleada mecánica fatal por la cual en todas las elecciones después de las primarias vence el kirchnerismo o el peronismo.
Esto, que relajó a muchos dirigentes de Cambiemos, relajó especialmente a los dirigentes de ese espacio de la Capital Federal, es decir, a Horacio Rodríguez Larreta, y a todos los que lo rodean, que están temerosos de que lo que parece lo natural, que es que ganen y retengan un distrito tan importante como la Capital Federal, se vea sometido a un peligro por lo que podría ser una oleada que no distingue ningún distrito, ninguna sociología y que hace que el país se tiña de peronismo en todos los distritos.

Con el resultado de Mendoza el primer dato es que no hay una oleada. Hubo un triunfo del oficialismo mendocino -del 50% de los votos- que se identifica con Cambiemos a nivel nacional, y los triunfadores de la elección primaria, Alberto Fernández, La Cámpora, tuvieron una derrota del 35%. Esto se lo recordó Alfredo Cornejo a Fernández en un discurso que, como siempre en el caso de Cornejo, fue muy duro, muy unívoco, muy categórico. Dijo: «Acá [Fernández] cometió un gran error, el de querer nacionalizar la elección. Les hizo pagar una derrota a una cantidad de gobernadores que él reunió en Mendoza antes de la elección llenos de vuelos privados».

Porque lo que caracterizó justamente ese desembarco peronista fue una gran manifestación de poder y el uso de los recursos públicos en la campaña con los aviones que aterrizaban de todas las provincias con los gobernadores adentro. Antecedente que ya habíamos tenido con el uso del avión sanitario del exministro de Salud y gobernador de Tucumán, tan ligado a Fernández, Juan Manzur. Para otra reunión partidaria también se usó el avión sanitario para traer a los dirigentes Verónica Magario y Fernándo Espinoza desde La Matanza.
Fernández debe tener una explicación para sí mismo de ese despliegue, todavía no sabemos cuál es porque no la ha

formulado ni la va a formular. Pero probablemente haya querido tener un gesto hacia La Cámpora. La relación de Alberto con Cristina es buena, en cambio, con La Cámpora no es tan buena y la candidata que jugaba su suerte en Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, está muy identificada con La Cámpora. Probablemente él haya querido mostrarse notoriamente solidario con la suerte de esta senadora que competía por la gobernación.

Pero también hay otra lectura en Mendoza, un dato inquietante para Macri. Cornejo puede decir que con el gobernador electo, Suárez, les fue mejor ahora que en las primarias y que ahora les fue mejor porque iba sin Macri en la boleta. Días antes de las elecciones primarias, Cornejo propuso suspender las PASO donde no hubiera una interna. Eso suponía suspender también las elecciones presidenciales primarias. Esa consecuencia posibilitaba que Cornejo pudiera ir en una boleta sin Macri. Esto es importante porque puede ser una elección, a mi juicio, perniciosa, poco edificante, para intendentes sobre todo del conurbano bonaerense, que están promoviendo abiertamente el corte de boleta. Y digo poco edificante. no tanto porque se desentiendan de la suerte de Vidal, que parece que está echada, también se desentienden de la suerte de Macri, que parece que también está definida.

Lo que es importante de esa promoción del corte de boleta es que se desentienden de las listas de legisladores provinciales y nacionales. Y parece haber en estos dirigentes una gran negligencia respecto de cuál va a ser justamente el equilibrio de poder en el Congreso. Qué vigor, qué consistencia, va a tener la oposición a lo que presumimos puede ser probablemente un gobierno de Alberto. Eso es lo que está en el fondo detrás del llamado a cortar boleta.

Si a los radicales y dirigentes de Cambiemos, Coalición Cívica, Pro, etcétera de Mendoza les fue mejor sin Macri, esa puede ser una lección que puedan estar tomando otros dirigentes que compiten el 27 de octubre y que piensan que les puede ir mejor sin él. Esto, que es el sueño de Cornejo (ir a una elección sin Macri), no fue solamente el producto de una táctica electoral ocasional en Mendoza y ni siquiera yo diría que fue fruto del oportunismo. En beneficio de Cornejo hay que decir que, como presidente nacional de la UCR y como gobernador de Mendoza, que como sabemos no tiene reelección y ahora va como candidato a diputado nacional, fue una de las voces más vigorosas, más explícitas que planteó dentro de Cambiemos las enormes dificultades que iba a tener la candidatura de Macri a la reelección.

Cornejo fue uno de los que más abiertamente planteó la necesidad de armar una interna dentro de Cambiemos. Se hablaba de traerlo a Roberto Lavagna, que no quería ir a una interna con Macri pero que probablemente hubiera querido ir a una interna con Vidal. Se habló del plan V. Tanto que él llevó esas posiciones a la Convención Nacional del radicalismo. ¿Por qué esto es importante? Porque Cornejo es un aliado importantísimo del radicalismo de la Capital. Por eso estaba Martín Lousteau en Mendoza con un protagonismo muy importante diciendo algo durísimo: «Lo de Mendoza demuestra que, si la gestión es buena, la gente la convalida con el voto». Fue un mensaje a favor de Larreta, a quien él está asociado como candidato a senador, y un mensaje en contra de Macri.

Hay una alianza entonces entre el radicalismo de Mendoza, que acaba de triunfar, y el radicalismo de la Capital. Lousteau, Enrique Nosiglia, Emiliano Yacobitti, un radicalismo que tiene una tensión muy fuerte con Elisa Carrió. Y un radicalismo que en la figura de Lousteau también buscó hasta último momento ver si había una alternativa a Macri que ofrecerle a la sociedad argentina y tener mayor competitividad electoral. Eso quedará en el terreno de las ucronías, de las cosas que no pasaron en el tiempo, pero nos habla de un grupo político dentro de Cambiemos que tiene una lectura del proceso político-económico desde hace más de un año diciendo: «Ésta política económica nos va a llevar a un gran conflicto con la clase media, Macri se está equivocando».

Cornejo es el que dijo eso en abril del año pasado, cuando se planteó la primera discusión sobre el aumento de tarifas a los servicios públicos, y lo volvió a decir después de la devaluación en septiembre del año pasado. En ambos casos se hizo cargo de una tesis que parece haber triunfado en los hechos que es que una política económica que no contempla el ajuste recesivo que cae sobre los sectores medios está destinada a fracasar electoralmente.

Esta interpretación de los hechos es la que empieza a tomar poder dentro de Cambiemos. Hay que prestarle atención ahora a los radicales por una razón muy sencilla: la morfología de Cambiemos va a cambiar, el Pro tiene un peso específico determinado dentro de esa coalición si gobierna la Nación, la provincia y la Ciudad de Buenos Aires y otro peso si pierde Nación y provincia. Los radicales que ayer se vieron reflejados en la victoria de Cornejo dicen: «Ahora queremos tener una voz más poderosa» en la futura coalición que va a ser muy probablemente la futura oposición.
Entonces aquí se plantea una cuestión concreta: quién va a ser el presidente del bloque radical dentro de la coalición Cambiemos o Juntos por el Cambio que va a enfrentar Fernández si, como todo parece indicar, termina en la presidencia. Cornejo aspira a ese lugar. Quiere ser el presidente del bloque del radicalismo en Cambiemos. ¿Quiere también ser el presidente del interbloque de Cambiemos? Hoy es una sola persona la que ocupa esos dos lugares: Mario Negri. Cornejo quiere reemplazarlo. Cristian Ritondo será el presidente del bloque del Pro, un hombre de Vidal.

Vidal también es alguien que con voz mucho más baja que Cornejo, porque es del Pro, y probablemente porque tiene otro temperamento o más paciencia, planteó repetidas veces que con esta política económica el oficialismo iba a ir a un fracaso. Ya hay entonces dos figuras, Cornejo y Ritondo-Vidal, que tienen una lectura del resultado electoral muy distinta de la que tiene Macri. Porque si uno lo hipnotizara a Macri y le quitara el discurso obligado que él tiene para la campaña electoral, muy probablemente Macri pensaría o diría que él se equivocó muy poco, que esta política económica no solo era la correcta sino la única posible y que si no triunfó es porque le faltó tiempo, por incomprensión de la sociedad argentina y sobre todo porque Alberto representa un enorme riesgo político para el mercado porque es el caballo de troya de Cristina Kirchner.

Para Macri, Alberto promovió una especie de golpe de mercado al decir: «Yo quiero el dólar alto y una deuda reestructurada». Macri entonces entiende que el resultado de las elecciones y esta pérdida de poder no se debe tanto a sus propios errores y fragilidades sino más bien a las combinaciones de una cantidad de factores de los cuales él fue víctima. ¿Por qué esto es tan importante? Porque el tono de la oposición al futuro gobierno dependerá de la tesis predominante para explicar lo que pasó con la elección, sea la de Cornejo o la de Macri. No es lo mismo plantarse frente a Fernández pensando que él le hizo un golpe de mercado o trató de promover un golpe de mercado frente al actual gobierno, que plantarse a Fernández pensando que el actual Gobierno llevó una política económica equivocada que lo llevó a la derrota. Son distintos niveles de cooperación y razonabilidad en la relación con lo que viene.

Es decir que si uno tira del hilo de Mendoza se puede encontrar con algunos datos o señales del tono que puede tener la futura oposición, sea que la lidere Macri o un grupo donde uno puede identificar al radicalismo de la Capital, de Mendoza, y de sus aliados, entre los cuales están Larreta y Vidal. Acá hay una figura de la que no hablamos: Elisa Carrió. Ella no coincide con el radicalismo de la Capital, está enemistada con Lousteau y Nosiglia, que hace quince días la querelló por injurias; y con Yacobitti, que es otro de los líderes de este radicalismo y tiene una alianza con la persona que quiere enfrentar a Cornejo en la conducción del radicalismo y en la conducción parlamentaria, que es Mario Negri.

Muy probablemente Carrió tenga un enfoque respecto del liderazgo de Fernández y del liderazgo kirchnerista muy distinto del de estos radicales y del de Cornejo, Vidal y Larreta. Y se parezca mucho más o probablemente le dé insumos conceptuales discursivos a la radicalidad de Macri, es decir, que empezamos a ver que dentro de Cambiemos se diseñan dos tipos de política: la de Macri y Carrió, eventualmente Mario Negri, y la de los radicales de la Capital asociados a Larreta y a los asociados de Mendoza.

Dicho sea de paso los radicales de la Capital y los de Mendoza van a pelear probablemente con éxito por la conducción del partido a fin de año y en esa conducción puede estar Cornejo, puede haber otro radical. Puede también estar Nosiglia como presidente, vicepresidente o secretario general del partido. Es decir, empieza a haber una política distinta dentro de Cambiemos que la política predominante en estos cuatro años que, por razones obvias, fue muy subordinada a la posiciones de Macri. Empieza entonces una discusión interna dentro de Cambiemos con Carrió como protagonista que nos hace preguntarnos una cuestión importantísima: ¿Hasta dónde este debate va a afectar la cohesión del grupo? ¿O lo que vamos a ver es que a raíz de este debate va a haber fragmentación sobre todo en la Cámara de Diputados?

Son dos mundos distintos para la Argentina en su conjunto. No es lo mismo un peronismo-kirchnerista enfrentado a una oposición fragmentada, que con una oposición unificada, porque el «vamos por todo» de Cristina Kirchner de 2011 no nació porque se le ocurrió en ese momento sino muy probablemente cuando tenía 17 años y empezaba a militar en la Universidad Nacional de La Plata. La novedad de 2011 tampoco fue que sacó 54% de los votos, la novedad fue que sacó 37 puntos de diferencia frente a Hermes Binner por la fragmentación que había en la oposición. Quiere decir que la pregunta que había en la hegemonía o no hegemonía, la pregunta por la eventualidad de un reflujo autoritario o no, no está en el oficialismo, está más bien en la oposición y toda esta discusión que estamos describiendo es crucial para entender si va a ver cohesión o no en esa oposición y, en el fondo, en Mendoza empieza a haber respuestas para esta pregunta.

Alberto Fernández tuvo una conversación telefónica con la derrotada de Mendoza, Fernández Sagasti, y le dijo que la quiere cerca. Probablemente la incorpore en alguna función de gobierno. Va a ser una más del elenco de mujeres que él piensa tener, donde están María Eugenia Bielsa, Victoria Donda, Cristina Álvarez Rodríguez, Victoria Tolosa, que fue candidata a intendenta en La Plata y es la esposa de un íntimo amigo de él, Enrique Albistur.

También está Marcela Losardo, que es una figura que está con Fernández desde hace muchísimo tiempo gravitante en el terreno judicial y ahora es motivo de una polémica porque reapareció extrañamente Javier Fernández, un operador bastante tenebroso de la Justicia manejado siempre por Jaime Stiuso diciendo: «El esposo de Marcela Losardo, la amiga de Alberto Fernández, es jefe de la Comisión de Disciplina de Boca, es Angelici». Lo curioso es que desde el propio peronismo empiece un fuego amigo sobre Fernández probablemente desde las sombras de Stiuso para descalificar a Losardo que va a tener un rol importante ya sea en la Secretaría Legal y Técnica o en el ministerio de Justicia.

¿Qué significa Mendoza para Alberto? En principio significa que no hay oleada. La multitud que se juntó en Barrancas de Belgrano indica que no hay oleada, que sigue habiendo una sociedad argentina que quiere resistir lo que viene aún sabiendo que Macri es altamente probable que pierda, lo cual hace más significativa la movilización del 24 en la Plaza de Mayo, y que probablemente interpele más a Alberto Fernández que a Macri.

Es decir que hay una sociedad que le está poniendo un límite conceptual a Fernández y a la que él le responde, porque dice que quiere más institucionalidad y que no es el retorno de lo mismo. De hecho le hizo un homenaje al exprocurador general de la Nación Esteban Righi en la Facultad de Derecho, levantando valores muy distintos de los valores que, en relación con la Justicia, tuvo el kirchnerismo de Cristina. Fernández empieza a decir, como adoptando una agenda de otro, «quiero funcionarios honestos», y está pensando en llevar -y me parece que es una muy buena noticia- a Gustavo Béliz, perseguido por Stiuso, a la casa de gobierno en algún rol.
Fernández, por el resultado de Mendoza y por la movilización social que hay hoy alrededor de Macri y de

Cambiemos, tiene que tener en cuenta la agenda del otro. E interpretar de alguna manera esa demanda que tiene que ver no tanto con la economía como con la institucionalidad. El pareciera estar pensando en lo que pensaba en 2007: cuando el kirchnerismo decidió postular a Cristina en vez de promover la reelección de Néstor, el principal abogado de la candidatura de Cristina fue Fernández. Sostenía en aquel momento, un poco en contradicción con estos personajes como Javier Fernández: «Tenemos que cortar con esta tendencia de desprecio por la institucionalidad y eso solo lo podemos hacer si vamos con Cristina y no con Néstor».

Obviamente esto lo decía en voz baja delante de periodistas, empresarios, embajadores, pero no era su discurso público. El planteo era: «Vayamos con Cristina que va a presentar la etapa de prolijidad institucional, de mejora en la calidad en el manejo del poder que Kirchner no puede representar porque está en una deriva autoritaria que va a hacer que se lleve puestas las instituciones». La historia tuvo otras ideas, Cristina mejoró en algunos aspectos y en otros empeoró notoriamente con respecto a la experiencia de su esposo, y hoy daría la impresión de que Fernández nos está invitando a que le creamos otra vez. Dice que ahora va a ser él el que va a encarnar ese salto de calidad proveniente desde el peronismo, desde el kirchnerismo. Nos ofrece la posibilidad de acompañarlo como sociedad argentina porque él se propone corregir la historia.

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