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SuperligaMaradona debutó como DT de Gimnasia con una derrota ante Racing

Fue 2-1 para el equipo de Coudet con tantos del Pulpo González y Zaracho. Para el local, que no pudo pese a su entusiasmo, empató transitoriamente García.

Maradona no se explica. Se siente. Y el reflejo está en las banderas. «El que no quiere a Diego, no quiere a su mamá», reza el trapo blanco con letras azules. Un grafiti que Nahuel y Manolete escribieron con la tinta de su corazón. Y flamea la cara del astro en versión Pelusa. «Todo se puede con ayuda de Dios», devuelve otro telón. Pero qué difícil será para Gimnasia. Porque «D10S» ya no juega. Porque Claudio Paul no es Caniggia, el Pájaro que vino a estas diagonales para el debut de su amigo, sino Spinelli, un delantero de pelo largo y rubio pero carente de gol. Entonces, más allá del influjo maradoniano, este Lobo aúlla bajito, perdido en el Bosque sin migajas para encontrar la salida para esos mismos futbolistas que llegaron a esta situación límite: están en el sótano de las dos tablas, la de posiciones, con un punto y cuatro derrotas en cadena; y la de los promedios, hundidos en una zona tan roja como caperucita.

Y no es cuento: Racing asoma en La Plata ajeno a la euforia que se propaga en torno al ídolo. No repara en los fuegos artificiales. Tampoco en esa cortina de humo que cubre cada rincón del estadio Juan Carmelo Zerillo. Juega su propio partido. Y con un plantel de mayor jerarquía, aun con algunos desniveles, se queda con un triunfo de visitante después de casi 7 meses porque se recupera rápido del empate de Gimnasia y porque no entra la pelota del final, esa jugada de Matías García. El cordobés de Bell Ville pudo corporizarse en héroe, justo con la «10» en la espalda, pero terminó rematando la ilusión por encima del travesaño.

Entonces, se desnudan todas esas dificultades que empujan a Gimnasia al abismo. Un equipo que tiene problemas de conexión, al que le cuesta generar circuitos de juego. A excepción de Víctor Ayala, un especialista en la pelota parada, hay pocos pies dúctiles. Entusiasmo sobra, claro. Pero las carencias en la elaboración son muy grandes.

Así y todo se encontró con un rival que tuvo el predominio de la pelota, pero fue poco profundo en el primer tiempo. El 4-1-3-2 que ya es una marca registrada en Racing no prevalecía por los costados porque los laterales se soltaron poco y cuando lo hicieron, especialmente Eugenio Mena, no terminaron una jugada bien. En el medio clarificaba el Pulpo González, pero Matías Zaracho y David Barbona estaban muy imprecisos. Lisandro bajaba para tender líneas de pases y Darío Cvitanich quedaba demasiado aislado.

A pesar del contexto, era descartable el partido. Hasta que Leonardo Sigali le metió un planchazo a Pablo Velázquez y de ese tiro libre llegó la mejor situación para Gimnasia. Remató Ayala y se esforzó Gabriel Arias para tapar abajo. Y ese córner derivó en otra jugada de riesgo, un envío de Matías García que Velázquez bajó para Leonardo Morales y el cabezazo del misionero encontró otra gran respuesta del arquero naturalizado chileno.

Era el mejor momento de Gimnasia. Con poquito, claro. Pero empujaba contra el arco de la Academia. Hasta que se equivocó su propio Arias, Martín Alexis. Barbona ejecutó el tiro de esquina, el Pulpo González cabeceó en el área y la pelota se le escurrió al número uno. ¿Qué habrá pensado Maradona, quien acuñó una frase histórica sobre la condición de los arqueros?

En el segundo tiempo Gimnasia vivió entre el infierno y el cielo. Porque de ese contraataque que condujo Zaracho y ese tiro de Barbona en el travesaño pasó al empate. Un centro de Leonardo Morales, un cabezazo de García anticipando a Iván Pillud y un gol que sacudió la mañana.

Pero todavía se estaban abrazando Maradona y el Gallego Méndez cuando la Academia volvió a ponerse en ventaja. Pateó Barbona, de gran segundo tiempo, amortiguó Lucas Licht con la mano -era penal- y Zaracho la empujó ante otra floja oposición de Martín Arias.

El partido otra vez se le hizo cuesta arriba a Gimnasia y quedó a pedir de Racing, que tuvo posibilidades con el manejo de Zaracho y Barbona. Coudet decidió prescindir del ex Atlético Tucumán y armó una línea de cinco con Lucas Orban. Y si Pillud hubiera aprovechado el pase de Zaracho que lo dejó de frente al arco, la victoria hubiera sido más holgada.

García perdió el empate en el final y Diego no pudo celebrar en su vuelta al fútbol argentino. Necesitará un milagro. Y aunque Maradona jugador fue un especialista, el técnico tendrá una tarea terrenal y demasiado complicada. Racing ya se lo advirtió.

 

 

 

 

 

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