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IncómodoLionel Messi: la sensación de que lo “entregaron” y una respuesta a pura bronca

La declaración de la Pulga en su llegada a Barcelona fue la síntesis perfecta de lo que siente a esta altura de su relación con el club. El final está más cerca que nunca.

Unas palabras. Un incidente. No fueron ni anécdota ni un malestar pasajero sino una síntesis. Acaso un ejemplo de por qué quiere irse a otros destinos desde la próxima temporada.

La sensación es que lo entregaron. A los fanáticos que pidieron autógrafos y selfies. A ese que le gritó “eres el más grande Leo”. Y a los micrófonos y cámaras de TV que lo esperaban en el aeropuerto de El Prat.

Cada vez que Messi llega a la ciudad, solo o en la delegación del club es invisible, cobijado por el operativo de seguridad que suele montarse. Este miércoles, nada. A salir por la puerta de todos, la de cualquier viajero. Terrenal. Común. Y desguarnecido.

La noche anterior, España había goleado a Alemania en Sevilla pero la gran noticia fue el posible desgarro de Sergio Ramos. En el aeropuerto andaluz, las autoridades hicieron pasar al bus de los jugadores casi al borde la pista. Alguien evitó que se viera renguear a Ramos. Menos, que algún cronista se acercara. Venían de un 6-0 a los alemanes.

Messi viajó 15 horas de Lima a Barcelona en su avión particular. Tras el aterrizaje, una comisión de agentes de Hacienda subió a la máquina, exigió la documentación de todos los pasajeros y de los pilotos. La comitiva estuvo una hora en la pista.

A la salida se abalanzó la prensa. José Álvarez, corresponsal en la capital catalana del popular programa televisivo El Chiringuito, respetuosamente, le preguntó por las declaraciones del ex representante de Antoine Griezmann. Al 10 lo rodeaban no menos de media docena de micrófonos.

“Estoy harto de ser siempre el problema de todo lo que pasa en el club”, disparó. Listo, ya tenían la declaración que necesitaba. Pero Leo siguió, camino a la puerta de salida. “Encima vinieron los de Hacienda… Estuvimos una hora ahí despues un viaje de 15 horas… una locura”. Y salió. Y se subió al Range Rover blanco con Antonela Roccuzzo al volante y uno de los hijos de la pareja en el asiento trasero. El sábado volará a Madrid para enfrentar al Atlético en el Wanda Metropolitano. No habrá morbo porque Luis Suárez, con coronavirus, no enfrentará a sus ex compañeros ni a su amigo.

¿Messi estalló por la inspección de Hacienda? ¿Por la declaración de Eric Olhats, ex agente de Griezmann? Síntomas. El caso es más grave. Todo indica que la vida de Messi en Barcelona, dentro y fuera del club, no es lo que era. Es más. Dejó de ser intocable.

“Antoine llegó a un club con graves problemas donde Messi lo controla todo. Es a la vez emperador y monarca y no vio la llegada de Antoine con buenos ojos”, había dicho Olhats hace quince días. “La actitud de Messi ha sido deplorable, se lo ha hecho sentir. Siempre he escuchado a Antoine decir que no tenía problemas con Messi, pero nunca al revés. Es el régimen del terror. O estás con él, o estás contra él”, añadió. Luego, un tío del jugador francés ratificó, en otros términos, la mala relación.

Messi nunca habló del tema. No se vio con Griezmann desde aquellas declaraciones. Se cruzarán este jueves en la práctica del Barcelona. Promete ser entretenido.

La escenografía tampoco ayuda. La Junta Gestora que administra el club hasta las elecciones ya habló de la rebaja salarial. La prensa española recogió de la inglesa que Manchester City irá por el rosarino, decididamente, en enero, cuando ya esté en condiciones de anunciar su salida como futbolista libre. Y en 48 horas debe jugar un partido bravo.

“Estoy harto de ser siempre el problema de todo”. Fue bronca. Y tal vez también una toma de posición.

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