Sociedad

Patrones de descansoLanzan el mayor estudio nacional para saber cómo dormimos los argentinos

Man sitting on bed unable to sleep

Tres científicos lideran una encuesta para detectar nuestros patrones de descanso. Cómo participar.

Acostarse tarde. Levantarse temprano. O ambas. Dormir de día o de noche. Hacer siesta o tan sólo añorar una. Caer en el abismo de no conciliar el sueño. Dar vueltas en la cama como quien busca señal. Culpar al café, al mate, al acelere, al trabajo, a las deudas, a la adicción a la series, a la geografía imperfecta del colchón. Imaginarse al día siguiente bostezando. Chequear el celular. Abrir la ventana. Bostezar. Pensar en problemas, contar ovejas, despejarse con algo positivo, volver a los problemas. Destaparse. Planear un cambio de colchón. Descartarlo, dar otra vuelta, taparse. Fastidiarse. Ver al verdugo en el reloj que avanza, según informó Clarín.

Dormir poco. Dormir mal.

Cualquiera de estas situaciones, o una combinación de varias, afecta a buena parte de la población. Más precisamente, la mitad más uno. Lo dice una encuesta de la consultora Poliarquía publicada este año por Clarín: el 51% de los argentinos duerme seis horas o menos por día. Lo recomendado, para adultos y jóvenes, oscila entre 7 y 8 horas. En otra encuesta reciente de Fleni, 8 de cada 10 porteños y bonaerenses dijeron que duermen mal.

La cantidad y calidad del sueño es ahora foco de un nuevo estudio, el más grande que se lanzó hasta hoy a nivel nacional. ¿Cuándo dormimos los argentinos? ¿Cómo? ¿Cuánto tardamos en conciliar el sueño?

Diego Golombek, uno de los tres científicos al frente de la investigación, la define como “un mapa del sueño en Argentina”. Una foto de cómo dormimos.

El proyecto se llama Crono Argentina y es una convocatoria abierta a completar una breve encuesta (está disponible en www.cronoargentina.com, es gratuita y demanda unos 15 minutos) para graficar cuánto tiempo se destina al descanso y en qué horarios. Los únicos requisitos para participar son tener más de 13 años y vivir en Argentina. 

“El objetivo es que la investigación pueda complementar otros estudios, como el del Observatorio de la Deuda Social de la UCA que mostró diferencias muy importantes de sueño de acuerdo con el nivel socioeconómico de la población. Y que nos permita formular nuevas preguntas e hipótesis, además de proponer políticas sanitarias y públicas sobre los ritmos biológicos y el sueño”, explica a Clarín Golombek, que es biólogo e investigador del Conicet.

La convocatoria de Crono fue lanzada en noviembre y ya obtuvo más de 5 mil respuestas. La aspiración es crear una base de datos a gran escala, de unos 100 mil casos.

Se harán cortes parciales para extraer datos estadísticos, aunque la investigación seguirá abierta por un plazo indefinido. Idealmente, detalla Golombek, con el tiempo “se podría alcanzar aproximadamente el 1% de la población. Pero lo importante es ser no sólo masivos sino también representativos de las distintas regiones del país -todas las provincias y no sólo las capitales-, y eso obviamente va a llevar mucho tiempo”.

Es decir, el valor del estudio radica en que participen hombres, mujeres, jóvenes, adultos, ancianos, los que duerme bien, lo que duermen mal. En “la foto” salen todos.

Este tipo de experiencias se realizaron ya en otros países como Alemania, donde el proyecto lo encabezó Till Roenneberg, de la Ludwig Maximilians University de Munich, uno de los mayores expertos del planeta en materia de cronobiología. En una investigación exhaustiva detectó, por ejemplo, que el sueño depende de los horarios de salida y puesta del sol. Y también, que las alteraciones del ritmo circadiano pueden causar obesidad y hasta favorecer el desarrollo de tumores.

Más cerca nuestro, en Brasil, una investigación recopiló masivamente encuestas y encontró una relación entre el sueño y las latitudes. Si eso se extrapolara a la Argentina, por imaginar un ejemplo, el patrón de descanso de una mujer jujeña y el de un joven fueguino podrían arrojar diferencias tan amplias como atractivas para el análisis. 

El proyecto Crono Argentina es liderado también por Juliana Leone, investigadora de Conicet, de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad Torcuato Di Tella; y colabora Marina Giménez, una experta argentina que está radicada en Holanda.

La encuesta indaga también en los cronotipos, es decir, las preferencias horarias para hacer determinadas actividades. Pregunta, por ejemplo, en qué momento del día uno se siente mejor preparado para sobrellevar una situación laboral muy demandante, pero también a qué hora se realiza con mayor efectividad actividad física. Como para saber en qué horario la energía acumulada en el descanso alcanza su pico de rendimiento. 

Una hipoteca con la almohada

En 2015 se publicó en Journal of Biological Rhythms un estudio de científicos de las universidades de Quilmes, Washington, Yale y Harvard -la mayoría argentinos- que compararon la vida de dos comunidades tobas de Formosa, que viven a kilómetros de distancia, con la diferencia de que una tiene acceso a la luz eléctrica y la otra, no. Allí se detectaron cambios en los patrones de sueño según las estaciones del año y también, que los pobladores que vivían sólo con luz natural dormían entre 45 minutos y una hora más por día que los otros.

Es sólo un ejemplo de cómo el impacto de la iluminación artificial en nuestras rutinas ya generó lo que los especialistas definen como una “deuda de sueño”.

Lanzan el mayor estudio nacional para saber cómo dormimos los argentinos

Diego Golombek, de la Universidad de Quilmes, uno de los científicos que encabeza el estudio. (Hernán Rojas)

“La tenemos no sólo los argentinos sino todo el planeta. Hay estimaciones diversas que afirman que dormimos de 1 a 2 horas menos que hace 50 años. Al mismo tiempo, nuestros compañeros de cama (computadoras, TV’s, tablets, celulares) emiten luz en una longitud de onda que ‘despierta’ al reloj biológico, agudizando el problema”, suma Golombek, que participó desde la Universidad de Quilmes en la investigación realizada en Formosa.

“Si le preguntamos a una persona al azar cómo duerme, las probabilidades de que diga ‘mal’ o ‘muy mal’ son muy altas. Los horarios y exigencias contemporáneas, junto con el estrés de la vida en la ciudad, los trastornos alimentarios y el sedentarismo, conjugan una situación de la cual el sueño es causa y consecuencia. Dormimos poco, y lo peor es que muchas veces no somos conscientes de ello y le exigimos al sistema mucho más de lo que puede dar. La luz eléctrica ayudó mucho a la humanidad, pero también nos robó el bien más preciado: el tiempo”, concluye el científico y bromea: “Edison fue un gran ladrón de sueño”.

Cuánto le “robó” a cada uno es lo que ahora se intenta averiguar.

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