Espectáculos

Músico tucumanoLa carta de Juan Falú por la ausencia del folklore en el festival de Plaza de Mayo

El notable músico tucumano publicó un posteo en su cuenta de Facebook marcando la poca presencia de música regional en el evento que se realizó el pasado martes.

a de las cuestiones que llamó la atención en la ambiente musical cuando se conoció la grilla de artistas que actuarían en el Festival en Plaza de Mayo para celebrar el Día de la Democracia y la asunción de Alberto Fernández, fue la poca presencia de músicos del interior del país o propuestas relacionadas con la música de raíz.

Es cierto que estuvieron Eruca Sativa de Córdoba y Bruno Arias de Jujuy, aunque ambos residen hace un largo tiempo en Buenos Aires. También se podría nombrar al mismo Arias y Arbolito cmo exponentes del folklore, pero en el balance general fueron pocos para los más de 30 artistas que pasaron por el escenario.

Algunos comentarios al respecto se pudieron leer en las redes sociales, pero sin dudas el de mayor peso fue el de Juan Falú, el músico tucumano con una enorme trayectoria dentro de la música argentina.

El guitarrista y reconocida compositor publicó una carta en su cuenta de Facebook que se titula «La patria olvidada en la canción, a propósito del festival en Plaza de Mayo saludando la asunción del esperado gobierno nuestro».

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En ese texto, Falú enumera de manera poética los contenidos que podrían haber formado parte de la jornada artística y en definitiva estuvieron ausentes. Y en el final, realiza algunas aclaraciones como por ejemplo a los que suponen que «pega el grito por no haber sido convocado». 

El texto completo:

LA PATRIA OLVIDADA EN LA CANCIÓN

(A propósito del festival en Plaza de Mayo saludando la asunción del esperado gobierno nuestro)

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Podían haber desgarrado el cielo los sonidos de erkenchos, quenas y zampoñas que dibujan el rosto de Milagro, y resuenan ancestrales en los cotos de Gerardo Morales, a pesar de ese Morales.

Podían haber llorado las vidalas que dibujan los rostros de los hallados en el Pozo de Vargas, en Tucumán. Y los cantos del azúcar amargo que fundamentaron zambas narradoras de luchas, dolores y esperanzas.

Los cantos a mineros, labradores y copleros de Castilla.

Los de alerta y desafío de un Marziali adornado con las guitarras luminosas de Cuyo, invitando por cogollo al brindis por el nuevo tiempo.

Los de Armando y Hamlet diciéndonos que la esperanza no muere y el destino nuevo es indisoluble de un ayer combativo y un mañana de Patria Grande.

Podrían haber gritado su majestuosidad las montañas catamarqueñas heridas en su corazón minero.

O una chaya anunciando el próximo digno y alegre carnaval.

O las mujeres recordando su presencia en la historia, con las canciones de Ariel Ramírez.

O los amores delicados representados en la Tonada del viejo amor.

Podrían haberse juntado copleras para gritar sin altavoces sus orígenes, que son los mismos de Evo. La baguala ya es una altavoz en sí misma y nos devuelve orígenes milenarios.

Podría haberse reafirmado

en verduleras litoraleñas que las aguas son nuestras y ya les echaron el ojo. Y también la fiesta, chamameceando de lo lindo con miles de bailes abrazados.

Podría habérsele sacado polvo al asfalto, a pura chacarera.

Tal vez hubiese sido posible encontrar lo que Santiago Maldonado buscaba en su camino, al compás de un loncomeo y su cultrum.

Y qué decir de una tonada cruzando la cordillera, de un tango y una milonga yendo y viniendo entre dos orillas, de un Ayala recordando por décimas los atropellos históricos al Paraguay, pero también su propia dulzura en una guarania melancólica y amorosa.

Cuánta ausencia de la canción que trazó el camino de la Patria!!

Cuanta Patria desnudada en la canción!!

Cuánta Patria cantada con una sola mirada, que también es necesaria, pero pareciera empecinarse en su exclusividad para representarla.

Y cuánta ignorancia.

Si no levantamos el grito, correremos el riesgo de instalar una vez más la inercia de suponer los quehaceres culturales como frívolos pasatiempos, cuando en realidad debieran ser las vías regias hacia el pensamiento crítico de las mayorías populares y la recuperación de sus mitos y místicas colectivas.

Un país y un pueblo también pueden medirse también por la canción que se cante, pero ojalá no sea necesario recurrir a una seguramente estúpida estadística.

Por suerte tenemos un excelente Ministro de Cultura, que sabrá cómo lidiar con cierta zoncera girando alrededor.

Juan Falú, 11/12/2019

P/D

1- No responderé a quien agreda gratuitamente.

2- Ahorren sus argumentaciones quienes supongan que:

a- uno pega el grito por no haber sido convocado

b- que uno busca ser convocado

c- que el folclore es, por definición, conservador

3- Probablemente no quiera responder a nadie. Sobra experiencia en esto de recibir golpes por animarse a ejercer un pensamiento crítico.

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