Cultura

Estados Unidos La cantante Björk debutó en Nueva York con su nuevo show dirigido por Lucrecia Martel

Cornucopia se llama el espectáculo que generó cientos de comentarios positivos en redes sociales. La cineasta salteña fue una de las coordinadoras de la puesta.

Días atrás se estrenó Cornucopia en Nueva York, el nuevo espectáculo musical de la cantante islandesa Björk que se presentará hasta el 1 de junio en el centro cultural neoyorquino The Shed, recientemente estrenado.

El  show, está dirigido por la cineasta salteña Lucrecia Martel y se observan música con tecnología digital y efectos visuales. El espacio The Shed es un nuevo centro cultural en Nueva York que pretende mantener a la ciudad a la vanguardia del mundo de las artes con un programa que integra a artistas establecidos con figuras emergentes.

El espectáculo de la cantante tiene como colaboradores a grandes personalidades del ambiente artístico: Tobias Gremmler, fue el responsable del diseño visual digital sobre un escenario creado por Chiara Stephenson. Participan del show un grupo musical formado por siete mujeres flautistas de Islandia, la  arpista Katie Buckley, un percusionista, Manu Delago, y el DJ de música electrónica Bergur Porrison. Para los trajes siempre llamativos que utiliza convocó a Olivier Rousteing, director creativo de la firma de lujo francesa Balmain.

«Cornuscopia» fue anunciado como «el concierto más elaborado de la historia».

Según la revista especializada Rolling Stone, el show contó «con una instalación de sonido envolvente espectacular, un coro islandés de 52 miembros que en un momento se mezcló entre el público, disfraces espeluznantes, y una puesta en escena vívida, incluyendo un montón de maravillosas proyecciones de video con abundantes capas de imágenes, a cargo (la cantante) entretejió canciones de su catálogo para crear una fábula feminocéntrica acerca de la crisis ambiental, y pidió por una administración de la Tierra más radicalizada», dice la crónica del show y agregó: «La instrumentación era en parte inusual. Delgado logró sacar ritmos fascinantes a instrumentos con formas de calabazas sumergidos parcialmente en tanques de agua de plástico. En un momento, los flautistas armonizaron con unos tubos iluminados. En otro, bajó un anillo metal del techo, que resultó ser una flauta circular, que cuatro de los músicos tocaron con Björk parada en el centro, una abeja reina en el corazón de un extraño panal».

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