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El NaranjoLa abuela Felisa cumplió 103 años según el documento, pero tiene 110

Desde 1909, cuando nació Felisa Valeriana Barbosa, pasaron siete años hasta que fue anotada en el Registro Civil. La mujer, que nació en El Naranjo, en 110 años tuvo 4 hijos, 35 nietos, 22 bisnietos y dos tataranietos.

Doña Felisa Valeriana Barbosa cumplió 103 años de vida según el Documento Nacional de Identidad, pero en realidad tiene 110 años. Nació en 1909 entre los cerros de la pequeña comuna de El Naranjo, pero recién la anotaron en el Registro Civil siete años después de su nacimiento.

Cabe destacar que la tatarabuela se encuentra con muy buen estado de salud, a la hora de la alimentarse come de todo, solo está un poco sorda, producto de los achaques de la edad. Llama la atención la lucidez y la alegría de esta mujer que todos dicen es dueña de un fuerte carácter, forjado a fuerza de mucho sacrificio.

Tuvo seis hijos, de los cuales dos fallecieron, tiene treinta y cinco nietos, veintidós bisnietos y dos tataranietos.

En el día de su cumpleaños, que fue el 2 de diciembre, relató a El Tribuno con alegría cómo fue su vida entre dos siglos.

«Yo nací en los cerros, atrás de El Naranjo, y hace como doce años que vine a Rosario de la Frontera porque mi hijo no quería que esté sola en el campo. Ahora sigo yendo todas las semanas con él a ver cómo están los animales», expresó doña Felisa.

Recuerdos tristes

La tatarabuela tuvo una infancia muy dura, a los tres años quedó sola junto a sus tres pequeños hermanos.

«Mi mamá nos abandonó cuando yo era muy pequeña, nos repartieron a todos los hermanos, antes se acostumbraba así», relató y luego continuó: «Yo me quedé sola con mi tía en el cerro. Ella fue la que me crió y cuando tenía siete años me hizo anotar en el Registro Civil».

«En el cerro trabajaba con las vacas, las arriaba a caballo y las alimentaba. También las carneaba, las ordeñaba, y de ahí hacía quesos y quesillos para ir a venderlos en el pueblo. Con el cuero de la vaca, lo secaba, lo trenzaba y también lo vendía», indicó la tatarabuela.

«Yo hacía de todo, siempre trabajé. Antes del mediodía salía a juntar leña para poder cocinar a fuego. Las hachaba yo misma, hacía carbón, desmontaba y también me iba a trabajar cuando era época de tabaco», recordó.

También dijo que tuvo tres maridos y que con uno de ellos conoció el sur, cuando fue a trabajar. Con otro de los maridos, que era puestero, fue a trabajar en campos de Tucumán, Cámara, Gemes y Las Lajitas.

En cuanto a la alimentación, la abuela aseguró que «he crecido comiendo mucho maíz, en mazamorra, tostado, en locro, molido, leche de vaca y cabra, eso me hizo fuerte y sana».

«A la carne la salaba y hacía charqui. También comía gallinas, pollos y chanchos, hasta el día de hoy, que como de todo», sostuvo.

Doña Felisa anduvo en caballo hasta que se vino a vivir a Rosario. «Yo montaba a caballo para arriar a los animales hasta pocos años atrás, después tuve un problema en la cadera y tuve que dejar», dijo un tanto nostálgica.

«Me levantaba a las cinco de la mañana y lo primero que hacía era bañar a los caballos y a las vacas».

Finalmente la abuela dejó un consejo para vivir mejor: «A los hijos hay que educarlos para que no sean atrevidos, lo principal es el respeto. Mis hijos nunca jamás fueron chicos atrevidos, siempre les enseñé a respetar a los mayores, y si se portaban mal les convidaba y nunca más volvían a hacerlo. Hoy en día yo veo que los chicos son atrevidos con los padres y ellos no les dicen ni les enseñan nada».

La primera década del siglo XX

El historiador Pedro Romano realizó un breve recorrido sobre los primeros años en los que se fue desarrollando la vida institucional de los principales organismos en la Ciudad Termal. «El proceso de urbanización avanza lentamente; desde la creación del Registro Civil fueron sus jefes Alberto Montaldi; el 20/3/1902 Carlos Cornejo toma posesión como jefe del Registro Civil, lo posesiona el ministro de Gobierno; el 11/3/1903 asume Guillermo García».

«La señorita Waldina Salas era la directora de la escuela primaria y solicita subsidio de $100 para los festejos del 9 de julio. El Concejo Municipal se adhiere con $50 para que se dote de trajes, botines y demás objetos que precisen los alumnos para que se presenten decentemente, si hubiere sobrante se compren útiles y libros con una dedicatoria conmemorativa del día patrio. Se contribuye con $50 para fuegos artificiales el día 9 a la noche. Se autoriza al comisario municipal para que destine hasta $25 para el juego de la sortija», relató. «En virtud del estado de la iglesia vieja, se ordena al cura para que en el plazo de 15 días se traslade a la nueva, en caso contrario «se vería esta corporación a proceder por todos los medios a su alcance».

El cura pide lo presupuestado para demoler la iglesia, no se hace lugar y se licita, gana Beltran por $200″.

También hizo alusión a los inicios del hospital. «Se hace lazareto en la propiedad municipal que estaba destinada a hospital, por epidemia de viruela, se toman medidas de desinfección, se queman techos de paja y se blanquean paredes. Se ordena compra de desinfectantes, comida y ropa necesaria para los enfermos; se contrata gente necesaria para el cuidado de los enfermos». «El concejal Gamberale mociona la necesidad de la división del departamento en dos secciones, conforme a lo hecho por el Poder Ejecutivo Provincial para el Registro Civil. Se acepta por unanimidad. El Gobierno provincial ratifica en 1904 la división del departamento en 2 secciones y se eligen jueces propietarios a Federico Rodas y Pedro Gutiérrez para la 1ra. sección y Félix Cantón y Amador López para la 2da.», aseguró.

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