Cultura

Un clásico de 1970Juan Salvador Gaviota cumple 50 años: por qué voló tan alto y qué nos enseñó

Richard Bach lo escribió como metáfora de una generación que quería cambiar el mundo.

Todo es posible con verdadera convicción. La historia de la gaviota que consigue volar como un halcón fue la metáfora perfecta para una época en la que la imaginación, llevada por los estudiantes de todo el mundo, llegaba –al fin- al poder.

Las novelas-fábulas de Richard Bach (Illinois, Estados Unidos, 1936) han sido, para los adolescentes de los ’70 y ’80, lo que Harry Potter (1997) fue para los de los ’90 y 2000. O, lo que ha sido y sigue siendo El Principito (1943) para todas las camadas de chicos desde los ’40 hasta hoy.

A partir de su primera publicación en los Estados Unidos, hace 50 años –el 1° de septiembre de 1970–, Jonathan Livingston Seagull, traducida al español como Juan Salvador Gaviota, cosechó –solo en dos años– más de un millón de jóvenes adeptos y se mantuvo en el podio de los más vendidos del New York Times durante 37 semanas.

Antes de convertirse en libro, había aparecido en entregas parcializadas, a fines de los ’60, como una serie de cuentos, en la revista Flying, donde Bach se desempeñó como colaborador. En octubre de 2014, se publicó Juan Salvador Gaviota: La Edición Completa, que agrega a la historia, una cuarta parte de 17 páginas.

Editada originalmente por el sello Macmillan, con ilustraciones de Russell Munson, la historia de la gaviota rebelde e inconformista marcó el inicio de una época. Juan ama volar más que nada en el mundo. Lo único que hace es practicar y practicar su vuelo para alcanzar la perfección, en lugar de dedicarse a conseguir comida como los demás integrantes de la bandada. Esta incómoda diferencia le cuesta el destierro de su grupo. Pero, en esa soledad, va a aprender algo que cambiará para siempre su vida y la del resto de sus congéneres.

En 1974, la Editorial Pomaire publicó, en Argentina, la versión en español. El libro, con tapa negra y la gaviota blanca en el centro, enseguida se vendió como pan caliente, sobre todo entre el público adolescente. La idea de que es posible tocar el cielo con las manos; de que no hay barreras cuando uno está convencido de lo que hace, engancha justo con lo que se siente en esa etapa de la vida: esa sensación de no tener techo, de que uno lo puede todo.

Los libros de Richard Bach son mayormente autobiográficos. El autor, que hoy tiene 84 años, es un apasionado por la aviación: voló por primera vez a los 14 y, a los 17, ya era un aficionado. Más tarde, hizo carrera en la Armada y en la Guardia Nacional de Nueva Jersey, en su país y, luego, en Francia y hasta escribió en varias revistas sobre el tema. De ahí que los vuelos estén presentes en casi todos sus relatos, tanto en un sentido literal como metafórico. Resulta evidente que la vida de Bach se asemeja tanto a la de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), como el estilo de Gaviota al de El Principito.

Bach ya había publicado su primer libro sobre aviones llamado Stranger to the Ground en 1963. Al éxito rotundo de Juan Salvador Gaviota, en 1970, le siguieron muchos otros títulos del mismo tenor, los más conocidos en Argentina –además de Gaviota- son Ilusiones (1977), que contiene el inefable y mágico Manual del Mesías, reeditado en 2004 como Manual del Mesías: Recordatorios para el alma avanzada; Ningún lugar está lejos (1979) donde refuerza su pensamiento de que nada es imposible para el que verdaderamente desea algo; El puente hacia el infinito (1984), donde Bach narra su búsqueda del amor a través de lo que él concibe como “alma gemela” y varios más.

Por qué Juan Salvador Gaviota tuvo tanto éxito
Ya en los años 50, las historias de autodeterminación y empoderamiento, principalmente dirigidas a los niños y adolescentes, iban preparando el terreno.

En 1953, en los Estados Unidos, Disney estrena el film animado Peter Pan. Para el niño que nunca crece y su fiel compañera Campanita, creados por James Barrie en 1904, solo basta afirmar con firmeza y convicción: “Sí creo en las hadas” para que ellas existan.

En 1964, otra vez Disney estrena Mary Poppins en la piel de Julie Andrews; la niñera mágica que todo lo hace posible y supercalifragilísticoespialidoso. Y en la vida real, en la Francia de mayo del ’68, cientos de jóvenes gritaron “La imaginación al poder”, levantando una ola imparable de revueltas estudiantiles que cambió la historia para siempre. Ese contexto de ebullición emancipadora fue el colchón perfecto para que –dos años después- Juan Salvador Gaviota llegara para quedarse.

A Juan Salvador no le alcanza con la clásica práctica de su especie en busca de comida. La rutina diaria de vuelos rasantes sobre el mar, para atrapar peces, le resulta aburrida y carente de sentido.Esta diferencia, lo coloca en un lugar de soledad, tanto frente a sus compañeros como en el seno de su familia. “Si quieres estudiar, estudia sobre la comida y cómo conseguirla”, le aconseja su padre.

Juan quiere hacerle caso pero no puede. Aun cuando ya había logrado pescar una anchoa, la deja caer deliberadamente abriendo su pico. Está perdiendo el tiempo; todo lo que no es practicar su destreza de vuelo es, literalmente, perder el tiempo. Incluso comer.

Así que el protagonista, a espaldas de su grupo, día a día se empeña –obsesiva y disciplinadamente– en aprender a volar alto y veloz. De esta manera, con mucho esfuerzo y dedicación, venciendo el miedo y las dudas y después de innumerables fracasos, logra alcanzar el cielo.

“Diez veces lo intentó, y las diez veces, al pasar a más de cien kilómetros por hora, terminó en un montón de plumas descontroladas, estrellándose contra el agua”. No hay caso, “si estuviese destinado a aprender tanto sobre volar, tendría por cerebro cartas de navegación”, se dijo.

Juan tuvo, entonces, pensamientos oscuros. “Sus alas desgreñadas parecían lingotes de plomo, pero el fracaso le pesaba aún más sobre la espalda. Débilmente deseó que el peso fuera suficiente para arrastrarle al fondo, y así terminar con todo”.

Ya era de noche cuando volvía a su bandada, derrotado, decidido a intentar ser una gaviota normal cuando se dio cuenta de que las gaviotas no vuelan de noche. “Si hubieras nacido para volar en la oscuridad tendrías las alas cortas de un halcón”, se recriminó. “¡Alas cortas!”, reaccionó. Voló, entonces, con sus alas dobladas a la mitad sobre el negro mar y enseguida alcanzó velocidad y altura. “¡Cien kilómetros por hora, ciento treinta, ciento ochenta, doscientos! ¡Y bajo control! Listo. Ya no necesitaba ser normal.

Pero, cuando va corriendo, loco de contento a contarles a sus compañeros de bandada, ellos le dan la espalda, desterrándolo por díscolo.

La bandada estaba reunida en Consejo. Le pidieron a Juan que se colocara en el centro. Colocarse en el centro solo podía significar gran vergüenza o gran honor. Juan dio un paso al frente sin dudar, aunque no quería honores, solo compartir su descubrimiento. Pero el Consejo lo sancionó y resolvió su destierro, “por violar la dignidad y la tradición de las gaviotas”, dijeron.

Juan Salvador pasó el resto de sus días solo pero no era la soledad su mayor pesar, sino que sus amigos no hubieran comprendido la gloria que les esperaba. Más allá de los lejanos acantilados, Juan siguió aprendiendo en paz y armonía hasta que se hizo muy viejo y unas hermosas gaviotas, “puras como luz de estrellas” y de resplandor “suave y amistoso”, vinieron a buscarlo.

“¿Quiénes son ustedes?, preguntó él. “Somos de tu Bandada, Juan. Somos tus hermanos”, respondieron ellas. “Hemos venido a llevarte a casa”. Juan echó una larga y última mirada al cielo. “Estoy listo”, dijo al fin. Y entonces se elevó junto a las dos radiantes gaviotas para desaparecer “en un perfecto y oscuro cielo”.

Pero no era eso la muerte sino una nueva vida. Y no era a un lugar llamado “cielo”, en el sentido cristiano del término, al que lo llevaban sino a un nuevo mundo, con infinidad de cosas nuevas para seguir aprendiendo.

Juan, entonces, pasó a integrar una sociedad nueva de gaviotas evolucionadas que, como él, dominan las alturas. Pero estas aves estudiaban aerodinámica avanzada y se comunicaban por telepatía. Allí, Juan se perfecciona y muy pronto se convierte en maestro.

“Tú eres una gaviota en un millón. La mayoría de nosotros progresamos con mucha lentitud. ¿Tienes idea de cuántas vidas debimos cruzar antes de que lográramos comprender que hay más en la vida que luchar por la comida? ¡Mil vidas, Juan, diez mil! Y luego cien mil más hasta que empezamos a aprender que hay algo llamado perfección y otras cien para comprender que la meta de la vida es encontrar esa perfección y reflejarla. Elegimos nuestro mundo venidero en base a lo que hemos aprendido de este. No aprendas nada y el próximo será igual que este”, le dice Chang, la Gaviota Mayor.

Ahora que Juan había aprendido a dominar el tiempo y el espacio, decide regresar a la Tierra para ayudar a aquellas aves que, como él, habían sido incomprendidas y marginadas por su búsqueda de superación.

Al despedirse de su entrenador, Juan mantiene con él un diálogo que, como el del Zorro con El Principito, recorrió el mundo en afiches y agendas de adolescentes:

– Creo que te echaré de menos, Juan –fue todo lo que le dijo.

– ¡Rafa, qué vergüenza! –dijo Juan, reprochándole.

¡Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedará solo un Aquí. Supera el tiempo y nos quedará solo un Ahora. Y entre el Aquí y el Ahora, ¿no crees que podremos volver a vernos un par de veces? Rafael Gaviota tuvo que soltar una carcajada.”

Juan, entonces, regresa a la Tierra y arma –allí- un equipo de nuevos líderes para que continúen su labor. Todo vuelve a empezar.

Juan Salvador Gaviota, al igual que toda la obra de Richard Bach, revela una concepción de lo que significa nuestro paso por este mundo. A la manera de las viejas fábulas que contenían enseñanzas aleccionadoras, el autor acá dice algo simple y contundente. Para él, la vida no es más que una “escuela de almas”. Venimos a aprender y a enseñar, con un único y simple objetivo que es el de trascender a través del amor.

La cuarta parte
El 31 de agosto de 2012, el autor sufrió un grave accidente aéreo que lo tuvo al borde de la muerte durante cuatro meses. Esa experiencia lo inspiró a terminar la cuarta parte de Gaviota, que se publicó en octubre de 2014 y que transcurre varios cientos de años después de la original. En ese futuro, Juan Salvador es venerado como un Mesías, aunque nadie pone en práctica sus enseñanzas. Las gaviotas cumplen con rituales de adoración cotidianos porque “queda bien” o les da estatus, hasta que un ave llamada Antonio decide que la vida no tiene sentido y hace un clavado veloz hacia las profundidades del océano. Es entonces cuando, en forma de luz blanca y brillante, hace su reaparición misteriosa Juan Salvador Gaviota.

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