Opinión

Análisis El modelo Alberto Fernández

Alberto Fernández

Por Fernando Laborda

Sin financiamiento local o internacional, descartada por el flamante ministro de Economía la alternativa de una fiesta de emisión monetaria y sin mayores posibilidades de recurrir a una presión impositiva mucho más fuerte que la actual, el incipiente plan Guzmán ha quedado supeditado a una única opción: una rápida renegociación de la deuda que contemple no pagarla por el mayor tiempo posible.

El interrogante, para el eventual caso de que la negociación con los acreedores finalice en forma exitosa y la Argentina pueda postergar al menos por dos años los pagos de capital e intereses de una buena parte de la deuda, es qué se hará durante todo ese tiempo: ¿habrá una sustancial mejora en las cuentas fiscales, con un fuerte superávit primario, o bien se consumirán los recursos que resignarán nuestros acreedores en un mayor gasto público improductivo y, pasados esos dos años, habrá que mendigar más facilidades de pago?

Las primeras declaraciones del ministro Martín Guzmán ofrecieron algunas señales de tranquilidad a los operadores económicos. La primera es que no se emitirá moneda en forma descontrolada: «Querer financiar la reactivación con emisión monetaria desestabilizaría la economía», afirmó el titular del Palacio de Hacienda. La segunda es que se apuntará a tener superávit fiscal. De acuerdo con distintos economistas, se trata de aclaraciones importantes, puesto que la renegociación de la deuda exige, desde el punto de vista de los acreedores, un sendero fiscal creíble para garantizar la sustentabilidad del programa de pagos que se acuerde.

Las primeras definiciones económicas dan cuenta de que el modelo de Alberto Fernández pasa por la voluntad de aplicar un plan macroeconómico integral y consistente, que tenga en su centro la cuestión social. La prioridad de los próximos meses pasará por los sectores sociales más desprotegidos, por paliar el hambre y por mejorar en términos reales el ingreso de los que menos tienen, algo que podría llegar por la vía de los aumentos que se estudian en estas horas y por los congelamientos de tarifas de servicios públicos.

Hay acuerdo entre un vasto segmento de economistas en que los principios generales anunciados por Guzmán son compartibles. Sin embargo, también sobrevuelan no pocas dudas.

  • Quizás la principal sea que el ministro habló de la necesidad del superávit fiscal, pero al mismo tiempo expresó que en 2020 no habrá ninguna posibilidad de recurrir a un ajuste. Si el sector público no se ajusta, solo cabe esperar más impuestos, principalmente por la vía de las retenciones a las exportaciones, aunque también se ha mencionado la posibilidad de un mayor tributo sobre los bienes personales y de un impuesto al turismo internacional.
  • Las condiciones en las que llega Alberto Fernández al poder distan de las que encontraron otros gobiernos de signo peronista. En 1946, Juan Domingo Perón asumió la presidencia de la Nación con un extraordinario nivel de reservas y cuando retornó al gobierno, en 1973, se encontró con precios internacionales muy elevados para el sector agrícola. Néstor Kirchner también arribó a la Casa Rosada con un boom mayor aún para la soja. Nada de eso encuentra hoy Fernández.
  • Una constante en el discurso de campaña del Frente de Todos fue que, antes de discutir cómo bajar el gasto público, hay que debatir cómo hacer para que la economía crezca. El riesgo latente en ese dogma es que se convierta en una suerte de pensamiento mágico que, como en tantas otras oportunidades, termine favoreciendo la cultura del dispendio público. La misteriosa desaparición de los dispositivo de control de ingreso de los empleados de las principales dependencias del Ministerio de Cultura de la Nación puede ser, precisamente, un ejemplo de esa cultura y de ese Estado que se resiste al cambio y a dejar viejos privilegios.
  • El virtual congelamiento de tarifas también plantea, para economistas como Daniel Artana, el problema de que si aquellas pierden mucho terreno frente a la inflación, la variable de ajuste no sería otra que la inversión y podría caer la producción de energía, justo en momentos en que la Argentina comenzaba a perfilarse como un país exportador de recursos energéticos.
  • Hay otros interrogantes que plantea el modelo de gestión de Alberto Fernández. Por ejemplo, ¿por qué insiste en repetir el aparente error de Mauricio Macri de dividir al área económica en seis ministerios (Economía, Producción, Desarrollo Social, Infraestructura, Transporte y Trabajo), a los cuales se sumaría un Consejo Económico y Social? Tal vez la respuesta pueda encontrarse en un antecedente de la gestión presidencial de Néstor Kirchner: el propio presidente de la Nación aspira a convertirse en el verdadero ministro de Economía.

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