Provinciales

MorilloEl desconsuelo de la madre de la beba que murió el viernes

Su beba fue trasladada desde Morillo a Orán, pero llegó con muerte cerebral.

Solange no encuentra consuelo y desde hace 10 días busca una explicación para entender cómo fue que perdió a su hija, «la luz de mi vida» como ella la llama. Noelia del Luján, su bebé de 2 años y medio, falleció el viernes 17 de enero y no estaba desnutrida.

Según denuncia Solange, su hija fue víctima de la desidia que tristemente caracteriza al sistema de salud colapsado de los hospitales del norte de la provincia. Esto hace que no haya medios para que los pacientes más graves puedan se trasladados hacia un centro de mayor complejidad o, al menos, donde un profesional médico los asista en forma personal como a cualquier paciente.

Cuando la bebé ya estaba convulsionando, el director del hospital de Morillo -que no es médico, es un nutricionista- intentó pedir una aeronave, pero era tarde. Hasta eso ya habían pasado cuatro días desde que la pequeña había sido llevada al hospital por su madre desde el primer momento en que comenzó con diarrea y fiebre, síntomas tan habituales en niños de corta edad y más en la temporada de intenso calor.

El certificado de defunción que le dieron en el hospital San Vicente de Paúl de Orán, donde la niña llegó a bordo de una camioneta particular perteneciente a una enfermera del hospital de Morillo y conducida por su hijo, establece como motivo del fallecimiento de Noelia del Luján Sánchez infección urinaria y neumonía. Su mamá, Solange, no tiene consuelo y habla con la prensa sacando fuerzas de donde no las tiene. «Quiero evitar que otra mamá sienta lo que estoy sintiendo en este momento. Me quitaron la vida, me robaron mi luz», expresa con su voz quebrada como su alma.

Órganos colapsados

«El lunes 13 de enero -recuerda Solange Rizzo- llevé a mi hija al consultorio del Dr. Pablo Montalvo, quien la internó porque me dijo que estaba con infección urinaria según los análisis de sangre y de orina. La bebé estaba con fiebre y mucha diarrea y los días que estuvo internada en el hospital de Morillo nunca dejó de tener esos síntomas y no mejoraba». Y agregó: «El miércoles en la tarde volvió a tener una recaída y no había ningún médico, los únicos que se encontraban a cargo de hospital eran enfermeros. Ese día, después del suero que le pusieron, su pancita comenzó a inflamarse y se puso peor».

Siguiendo su relato, Solange recuerda que el jueves «el médico -que nunca vino a verla y siempre se comunicó con los enfermeros por mensaje de texto- ordenó que le pusieran un inyectable de reliverán para el vómito siendo que la bebé no tenía eso. Después que le pusieron ese inyectable comenzó a convulsionar».

Paso seguido, afirmó: «Mi hija se puso pálida como nunca había estado y los enfermeros no sabían qué hacer cuando la llevamos desde la cama a la guardia. El doctor Montalvo, que estaba de guardia, no se encontraba en el hospital. Ahí mismo mi hija perdió el conocimiento porque su corazoncito dejó de latir por lo que los enfermeros comenzaron a reanimarla hasta que recién llegó el médico de guardia».

El traslado

Solange relata que fue el director del hospital quien, al ser informado por los enfermeros sobre el estado de la bebé, «ordenó que la trasladen en avión a Salta, pero ya no había tiempo». Cuenta: «La ambulancia andaba apenas así que una enfermera puso su camioneta y con el médico Montalbo y mi hija salimos hacia el hospital de Orán. Cuando llegamos, la doctora que me atendió me dijo lo que me partió el alma, desde entonces y para siempre: «Mamá, tu hija ya no está con nosotros, por la reanimación que le hicieron solo le funciona el corazoncito, es cuestión de esperar'».

«La misma médica -recuerda Solange- me dijo que no sabía qué le habían puesto de medicamentos, solo que sus pulmoncitos habían colapsado y que solo le funcionaba un riñón. Me dijo que me siente a su lado que la hablé pero que tenía muerte cerebral. El viernes la bebé hizo dos paros cardíacos y falleció».

Después de enterrar a su hija, la dolida madre cuenta: «Fui hasta el hospital, no para hacerle algún problema sino para preguntarles por qué me arrebataron a mi hija. Pero según el gerente, el nutricionista Ariel Freyre, el médico Pablo Montalbo no está, pidió licencia y se fue. Yo solo quiero que la Justicia me escuche porque no voy a dejar que esto quede como si nada y que las madres tengamos que sufrir como yo».

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