Política

Servicio Penitenciario FederalEl “Coya” Rojas ya no está en la cárcel de General Güemes

En un rápido y muy cerrado operativo fue trasladado ayer a Chaco. Fuentes aseguran que estaba tramando y pagando una posible fuga.

A las 7 de ayer, en un cerrado operativo llevado a cabo por fuerzas especiales del Servicio Penitenciario Federal, fue trasladado hacia la Unidad Penitenciaria número 7, ubicada en la provincia de Chaco, Raúl Ricardo Rojas, alias el “Coya”.

El operativo de traslado del condenado a prisión perpetua fue blindado y sin filtraciones y pasadas las horas recién tomó estado público.

Al respecto, una fuente fidedigna del Valle de Siancas informó a El Tribuno que las razones del desarraigo del condenado obedecían a cuestiones de seguridad por su peligrosidad.

Según fuentes, la causa del traslado es que el complejo penitenciario de General Güemes fue construido como un establecimiento de mediana seguridad, que no estaría apto para albergar a una persona del calibre y los antecedentes violentos y homicidas del condenado oranense.

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La misma fuente dijo como contrapartida de lo expuesto casi en forma oficial que las verdaderas razones del desarraigo de Raúl Ricardo Rojas sería un informe de inteligencia interna del Servicio Penitenciario Federal donde se advertía sobre los últimos movimientos de Rojas, quien supuestamente había ofrecido a terceras personas, a cambio de ayudar o colaborar en su fuga, una jugosa suma de dinero o su equivalente en droga.

Raúl Ricardo Rojas, durante el juicio oral que lo llevó a hipotecar por los delitos endilgados prácticamente el resto de su vida tras las rejas, fue contagiado de coronavirus, pero aunque no fue informado oficialmente, al parecer no acusó síntomas de la enfermedad.

Durante el juicio se probó que el supuesto móvil del crimen en ambos hechos, homicidio y tentativa, fue resarcir el “mejicaneo” de unos 150 kilos de droga que la banda del “Gordo Gerónimo” hizo en contra de Rojas. Además, según expresaron las fiscales, el “Coya” mantenía una férrea enemistad con ambas víctimas: Martínez y Gerónimo.

De esa manera, en uno de los audios que se desgrabaron quedaron algunas frases que bien le podían caber al verdadero “Patrón del Mal”, el ya legendario Pablo Escobar: “Ellos han mejicaneado 150 kilos de droga. El de la Surán blanca no puede pasar del fin de semana”.

La condena

A los 35 años recibió el más duro golpe para un ser humano, la pérdida absoluta de su libertad por el resto de sus días. El cómputo de la condena parece exacto para que a los 70 pueda llegar a sentirse nuevamente libre, edad límite para seguir purgando condena en nuestro Código Procesal Penal.

Ricardo Raúl Rojas, alias “Coya”, se sabe comenzó su raid antijurídico con delitos menores: el robo de bicicleta al descuido.

Luego incursionó en la onda motochorro para finalmente, en el boom de la apertura ilegal de la frontera, ser uno más de los miles de bagayeros que se ganaban la vida traficando bienes y mercancías desde la República Plurinacional de Bolivia.

Contactado con los pesados del otro lado de la frontera comenzó a ingresar asiáticos a nuestro país, a través del transporte de personas en vehículos particulares.

Esos viajes le proporcionaron -tal vez- los dólares para catapultarse al tráfico de droga.

Ya en el 2017 se vio involucrado en nada menos que 80 kilos de cocaína.

Se dijo que desde los calabozos de una comisaría del Valle de Lerma mantenía su negocio floreciente, aún privado de su libertad.

Allí surgió aparentemente un desliz entre sus filas.

Su ausencia al parecer le hizo perder un cargamento, mejicaneado (robado) por exsocios en sus andanzas.

Desde la celda, supuestamente, se probó que ordenó dos muertes consecutivas. Una se produjo, el otro atentado fue fallido.

Procunar grabó escuchas desde la cárcel que se convirtieron en “prueba” para condenar a Rojas a perpetuidad; también mientras estuvo preso se le adjudicó la propiedad de un cargamento secuestrado de 330 kilos de marihuana y 11 de cocaína, en un galpón propiedad de su hermana, un lugar conocido como “La Iglesia”.

La banda quedó desarticulada con la caída de su hermana y de otros cómplices.

Finalmente, el 3 de julio Ricardo Raúl Rojas fue condenado a prisión perpetua y al pago de una multa como autor intelectual del delito de homicidio doblemente agravado por haber sido cometido bajo promesa remuneratoria, por el número de participantes y por la utilización de arma de fuego en perjuicio de Raúl Fernando Martínez y la tentativa de homicidio contra su compañero de ruta Ricardo Ariel Gerónimo.

Pidió un beneficio

Los mismos jueces que lo condenaron, María Laura Toledo Zamora, Héctor Fabián Fayos y Raúl Fernando López, no hicieron lugar a la prisión domiciliaria solicitada por la defensa de Ricardo Raúl Rojas, alias “Coya”, cuando éste resultó positivo para coronavirus, luego del juicio. El pedido respondía al supuesto mal estado de salud de Rojas, quien se encontraba con diagnóstico de COVID. El hombre alojado en el Complejo Federal 3 de General Güemes dijo a través de su abogado que tenía dolores de cuerpo y de cabeza, que presentaba dificultades para respirar y que no recibía el tratamiento correspondiente.

Del informe médico no surgió un estado físico/crítico que pudiera poner en riesgo la vida de Rojas y por ello no se vulneró ningún derecho constitucional.

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