Cultura

Historia Carta de Sarmiento a su hijo Dominguito

El joven tiene 16 años y su padre le da algunos consejos, lamentando estar alejado de él porque atraviesa una época que es «un mal trozo de camino en la vida»

Se cumple un aniversario más del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento: maestro, periodista, escritor, diplomático, militar y político, en quien se corporiza la imagen del educador por excelencia.        

Para recordar a quien dedicó su vida a la educación vamos a reproducir una breve carta inédita de Sarmiento, que se encuentra en poder de un coleccionista privado, dirigida a su hijo Dominguito, en que le da consejos sobre cómo encarar la vida, en consonancia con su juventud -16 años-, y en la que hace comentarios sobre los amigos del joven.  

En ese momento, Sarmiento era el auditor de guerra del ejército comandado por Bartolomé Mitre. La carta fue escrita luego de la batalla de Pavón cuando Mitre comienza a consolidar su poder y la hegemonía de Buenos Aires sobre todo el interior del país.

Desde 1852, después de Caseros, Buenos Aires se había separado del resto de las provincias, las que se encontraban unidas bajo el gobierno de la Confederación, cuya capital era Paraná. Sin embargo, nueve años de desencuentros estaban próximos a su fin. 

Santiago Derqui, presidente de la Confederación, y Mitre, gobernador de Buenos Aires, estaban enfrentados. El 23 de octubre de 1859, en Cepeda, Urquiza, acompañado por Pedernera y Lagos, obtiene una decisiva victoria militar frente a las tropas porteñas comandadas por Mitre, a quien secundaban entre otros Conesa y Alsina. Pero el triunfo de Urquiza no fue acompañado en sus resultados por las acciones políticas destinadas a consolidar este éxito militar.

Juan Saá, militar y caudillo político puntano, famoso por su valentía y conocido con el sobrenombre de «Lanza Seca», participa el 23 de octubre de 1859 en la batalla de Cepeda del lado de Urquiza junto con el coronel Basavilbaso, y luego de la batalla con su división puntana persigue a Mitre durante toda la noche del día siguiente. De regreso a San Luís y con el apoyo de Urquiza, Saá es elegido Gobernador de San Luis, Comandante Supremo y  Brigadier General por sus merecimientos en la acción. 

Esta situación de indefinición, finalmente desemboca en la confrontación que se produce el 17 de septiembre de 1861, en el arroyo Pavón, tributario del Paraná, en la provincia de Santa Fe, cerca del límite con Buenos Aires.          

Urquiza está al frente de 16.000 hombres y Mitre al mando de 15.400 hombres. Si bien inicialmente la batalla fue confusa, luego la caballería de la Confederación, producidos los primeros choques con el grueso de sus divisiones, salió triunfante, pero ante la victoria a su alcance sorpresivamente Urquiza con el grueso de sus tropas se retira y traslada a sus hombres hacia Entre Ríos, Mitre consecuentemente se queda con la victoria.  

 

Se dirige a San Nicolás y luego pasa a Rosario; a partir de ese momento queda como árbitro de la situación y comienza la dura y difícil tarea de pacificar al país y lograr a través de la unidad nacional conformar la Nación. 

Es precisamente en este ejército y lugar -Rosario- en que se encuentra Sarmiento, como auditor de guerra, según el nombramiento firmado por Mitre el 17 de noviembre de 1861.  

La carta de Sarmiento a su hijo Dominguito hace referencia a los acontecimientos del momento, y está datada en Rosario tres días después de su nombramiento.

En 1848 Sarmiento había contraído matrimonio con Benita Agustina Martínez Pastoriza, viuda del chileno Domingo Castro Calvo, con quien había tenido un hijo, Domingo Fidel, que fue adoptado por Sarmiento, luego de fallecido Castro Calvo. Sin embargo, muchos sostienen con fundadas sospechas que era en realidad hijo carnal de Sarmiento.  

Sarmiento trató con cariño y cuidado a Dominguito, a quien dio su apellido y que tenía dieciséis años al momento de recibir la carta que aquí se reproduce.

Desatada la guerra del Paraguay, Dominguito se enroló en el ejército. El 22 de septiembre de 1866, se libra la batalla de Curupayty, en la que el hijo de Sarmiento encuentra la muerte, al igual que Francisco Paz, hijo del vicepresidente Marcos Paz.

En ese momento, Sarmiento se encontraba como embajador argentino en los Estados Unidos. La noticia de la trágica muerte de su hijo lo sume en una tristeza de la que no lograría reponerse nunca.

El dolor por esa pérdida lo acompañó el resto de su vida y la evocación del bienamado hijo lo llevó a escribir el libro Vida de Dominguito

Veamos ahora algunas aclaraciones que sumadas a las anteriores nos permitan una correcta interpretación de la carta de Sarmiento: 

El «Dolorcitas» es el vapor que trae el correo por el que Sarmiento espera correspondencia y enviar la carta de referencia. Esta nave perteneció hasta el año 1860 a la Compañía Salteña de Navegación, con sede en Salto. Uruguay. En diciembre de 1860 adquiere la totalidad de las acciones el General Urquiza conjuntamente con Mariano Cabral, que se supone actúa como su representante. A partir de ese momento, la compañía comienza a cubrir viajes entre Buenos Aires y Montevideo, como así también el servicio fluvial con puertos de Corrientes,  Rosario, San Nicolás y, sobre la costa uruguaya del río Uruguay, con la ciudad de Salto. 

El Francisco a que hace referencia Sarmiento es Francisco Paz, hijo del vicepresidente Marcos Paz, que, como Dominguito, muere a causa de las heridas sufridas en combate en Curupaity. 

Bernardo y Fuensaliva son dos de los jóvenes que, al igual que Bartolito Mitre, hijo del presidente Mitre, acompañan a Sarmiento en su destino diplomático en EEUU. 

Alsina: fundadamente suponemos que es Dalmiro, sobrino de Valentín Alsina y primo hermano de Adolfo Alsina, recibido de Doctor en Jurisprudencia, colaborador de Dardo Rocha en la fundación de La Plata y Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires en los años 1903-1906. 

Ahora veamos cómo todos estos hechos se vinculan en la carta que a continuación se transcribe.

El texto de la carta de Sarmiento a su hijo Dominguito 

Rosario nov. 20 de 1861 

Mi querido Dominguito

Acaso no me alcancen las cartas que espero por el Dolorcitas.

Parte esta tarde el 1° cuerpo de ejército para Cordova [n.de la R: con v en el original], bajo los mejores auspicios, pues aquella ciudad nos pertenece. Olascoaga ha hecho una revolución. Cuento con hacer mucho a favor de los pueblos.

Escribiré el diario de la campaña, que tememos que sea penosa por el calor y la sed ya que enemigos no encontraremos hasta habérnosla con Juan Saa.

Lleno de confianza en tus buenos propósitos, según me lo anuncias en tu carta, llevo el corazón aliviado de un gran peso. Nunca menos ahora hubiera querido estar lejos de ti. La época que atraviesas es un mal trozo de camino en la vida. Por darse mucha prisa para ser persona o parecer hombre, los jóvenes de tu edad se pierden, arruinando su salud y su bolsillo y disipando el tiempo. Son plantas que se florecen en el almácigo sin dar nunca fruto, o se marchitan e inutilizan por exceso de vida.

Cuídate de caer en tales extravíos. Vivimos una época en que es preciso ser hombres desde la infancia, por el estudio de su tiempo y la preparación para mejores días. Tu amigo Alsina es un modelo de tino. A Francisco no le daña la campaña porque cortando piernas avanza en su carrera. Bernardo está conmigo. Fuensalida me acompaña.

Escríbeme bajo cubierta del Gral Mitre. Te manda su bendición tu padre

                                                                                                                   Sarmiento

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