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En EmbarcaciónApareció un kakuy y a raíz de su leyenda hubo preocupación

Existen numerosas supersticiones en torno a este pájaro que se extrañamente se suele ver y se encuentra en peligro de extinción.

Ocurrió el jueves en Embarcación. El vecino que filmó al extraño pájaro llamado Kakuy por los quechuas, Urutaú por los guaraníes y «pájaro fantasma o malagüero» en la jerga popular, estaba agitado y estupefacto. Dijo: «Jamás vi algo igual, no sabemos si está herido, es una cosa extraordinaria, y da miedo». Mientras tanto, el kakuy permanecía parado en el suelo, con el torso erguido, el pico apuntando al cielo y los ojos cerrados, tal como se posiciona la «Estatua del Kakuy» en el Parque Aguirre, a pocos metros del Río Dulce en la capital de Santiago del Estero, obra del arquitecto Rafael Delgado. «Algunos dicen que este pájaro se pone así para camuflarse, debe creer que no lo vemos», dijo el vecino norteño con la voz atravesada por la sorpresa y el susto.

Es que son muchas las supersticiones que hay en torno a este pajarito. Como toda ave de origen mágico, su canto anuncia lluvia y es señal de disputa entre hermanos. También lleva en sí cualidades esotéricas: si canta en el techo de la casa, preanuncia muerte. Tanto en la leyenda del Kakuy como en la del Urutaú, hay una alegoría mítica: la mujer abandonada que llora el alejamiento de su compañero. El ave-mujer que con su gemido lastimero purgará eternamente una culpa moral: el Urutaú, la liviandad con que aceptó los amores de un desconocido; el Kakcuy, la perversidad de una hermana.

Apareció un kakuy y quedaron espantados
El kakuy se encuentra en peligro de extinción en Argentina.

Ricardo Rojas en «El país de la selva» recrea la leyenda del kakuy: «Vive en la selva un pájaro nocturno que al romper el silencio de las breñas estremece las almas con su lúgubre canto». La leyenda cuenta la historia de dos hermanos: él bueno y solícito; ella glotona (se relaciona con la enorme boca del ave) y despreciativa. El hermano cansado de soportar sus desplantes la convence con engaños para subir a buscar miel a un árbol muy alto donde, talando las ramas inferiores, la abandona a su suerte. Entonces ella empieza a llamarlo: «­Turay! ­Turay!» (­Hermano! ­Hermano!) y al no tener respuesta se transforma en el ave que pasa las noches llorando. Por eso en la región se le dice kakuy a la persona que llora mucho.

Otra historia es la del urutaú para los guaraníes, un ave notable por su coloración críptica, con colores y diseños parecidos al sustrato donde se posa, lo que la oculta eficazmente a la vista de sus presas y sus enemigos. A esto suma un comportamiento particular ya que se posa muy erguido y tieso, dirigiendo el pico hacia arriba a la espera de que pase cerca algún insecto que le sirve de alimento, al que captura abriendo su enorme boca. «La vimos junto al río, sentada en la horqueta de un árbol, quieta como una piedra y la mirada lejana» dice la leyenda correntina.

El kakuy mide de 33 a 38 centímetros y lanza un grito característico persistente que se asemeja a un lamento humano. Es un ave nocturna y de rapiña, oriunda de Sudamérica, que se encuentra en peligro de extinción en la Argentina.

 

Fuente: El Tribuno

 

 

 

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