Cultura

A cinco años de su muerteAniversario de Umberto Eco: cuando dijo que escribió “El Nombre de la Rosa” porque “quería matar a un cura”

El semiólogo, filósofo y escritor italiano publicó numerosos títulos que siguen resonando. “El nombre de la rosa”, “El péndulo de Foucault” y “Apocalípticos e integrados”, entre los más celebrados.
Si el eco es un sonido que se repite una o varias veces después de haber sido producido, es fácil deducir el carácter sospechosamente premonitorio de su apellido. Como una suerte de profecía autocumplida, el pensamiento del imprescindible Umberto Eco está tan vivo y sonoro que no para de crecer y multiplicarse.        

Sin temor a exagerar, se podría afirmar que, para las personas formadas en las ciencias humanas y sociales, igual que para cualquier lector ávido e incluso para cualquier ser humano pensante, Umberto Eco es (sí, en presente) un faro siempre encendido en medio de la oscura y honda noche universal. Es por eso que, a pesar de esta presencia sempiterna, si hay una palabra que pueda definir esa sensación que nos quedó a todos después del 19 de febrero de 2016, la que surge sin duda es “orfandad”.

Destacado académico – profesor emérito y presidente de la Escuela Superior de Humanidades de la Universidad de Bolonia e impulsor de la creación de la carrera de Comunicación-, ensayista e intelectual de relevancia mundial, era, además, traductor y un ferviente bibliófilo (su colección de 1200 libros antiguos, entre ellos 36 incunables, fue recientemente adquirida por la biblioteca Braidense de Milán, mientras que los modernos, que completan unos 50 mil, se conservan en Bolonia).

Nacido en Alessandría, Piamonte el 5 de diciembre de 1932, Eco escribió, además, numerosos ensayos sobre semiótica, estética medieval, lingüística y filosofía, así como varias novelas exitosas, entre ellas la multipremiada El nombre de la rosa (1980), que alcanzó rápidamente un record en ventas y fue traducida a más de 40 idiomas, donde pone de manifiesto su pasión por la historia del Medioevo. La trama, que narra la investigación de una serie de crímenes en una Abadía del Norte de Italia en el año 1327, fue llevada al cine con el mismo nombre por el francés Jean-Jacques Annaud (1986) y protagonizada por un Sean Connery perfecto en el rol del fray Guillermo de Baskerville, quien, junto a su pupilo Adso de Melk, se propone revelar el misterio en torno a una serie de asesinatos ocurridos en el monasterio.

Sobre esta novela, Eco dijo una vez: “La escribí porque ese día tenía ganas de matar a un cura (…) El nombre de la rosa tiene un tema liviano, irrelevante: apenas se pregunta cuál es el precio de la libertad. Nada más (…) escribí las primeras cien páginas como un test contra los estúpidos. El que supera esas cien páginas, merece leerla (…) Estoy seguro de una cosa. Si la hubiera escrito diez años antes o diez años después, nadie se habría acordado. Por tanto, hay ciertos momentos en que cierto libro va a responder a ciertas cuestiones. Esas cuestiones no habrían existido diez años antes o después. ¿Cuáles son esas cuestiones? No estoy en condiciones de decirlo”.

Sobre su novela «El nombre de la rosa», Eco dijo una vez: “La escribí porque ese día tenía ganas de matar a un cura».

Otra de sus grandes novelas es El péndulo de Foucault (1988). Una obra llena de simbología esotérica o anti esotérica en la que tres editores ocultistas, para divertirse, quedan envueltos en un plan misterioso, cuando interviene un erudito hermetista que se presume la mismísima reencarnación del conde de Saint-Germain. Una historia en la que abundan los templarios, jesuitas, rosacruces y demás sociedades secretas. El autor, aquí, recurre a la cábala hebrea para agrupar a los capítulos, que titula con nombres extraídos de la nigromancia y el ocultismo. La obra es interpretada como una crítica al esoterismo.

A Umberto Eco le llevó ocho años escribir este libro: “La parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro. Y por qué debo apurarme cuando es el período más bello. Cuando busco la documentación, cuando veo una cosa y me detengo. Todo eso es la parte más bella. Cuando el libro está terminado ya no me importa nada. Pero los pobres desgraciados que hacen un libro al año no tienen este placer», dijo cierta vez a la prensa.

Los ensayos de Eco son igualmente relevantes. Entre los más célebres, se encuentra Apocalípticos e integrados (1964) que contrapone las dos posturas presentando argumentos que defienden a ambas, aunque alguna vez confesó llevarse mejor con los apocalípticos, “pero dentro de ciertos límites y de cierto equilibrio”. Con esta obra, que deriva de su anterior trabajo Obra abierta (1962), Eco estudia la cultura popular y los medios de comunicación.

Idea. “La parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro. Y por qué debo apurarme cuando es el período más bello. Cuando busco la documentación, cuando veo una cosa y me detengo (…) Los pobres desgraciados que hacen un libro al año no tienen este placer.»

El vasto y significativo legado del gran Umberto Eco reside en su obra pero, quizás, también en su vida, en su particular manera de concebir el mundo y la realidad de su tiempo que es el nuestro, lo cual queda en evidencia en algunas de sus definiciones públicas, sobre todo, en torno a los hábitos de consumo de cultura, la lectura, la escritura y los medios de comunicación.

A continuación, algunas de sus ideas, que siguen resonando en tiempo presente.

Pensamiento vivo  
“Se escribe para un lector ideal y un libro es una máquina para construir un lector.»

“El libro, como la rueda y la cuchara, no morirá jamás. Por algo mi biblioteca tiene más de cuarenta mil ejemplares. En todo caso, libro y CD deben marchar juntos”.

“Son uno de los males de nuestro tiempo. Son un mal como en un tiempo eran las epidemias. La peste. Así como mucha gente logró sobrevivir a la peste, también podrán sobrevivir muchos a los medios de comunicación.»

“En el futuro, los medios marcarán la diferencia de clases. Los patrones leerán y los proletarios verán televisión. Pero cuando digo ‘diferencia de clases’ no hablo de poder económico: habrá proletarios ricos que sólo verán televisión, y no será la primera vez en la historia que tendremos ricos estúpidos.”

“El que no encuentra tiempo para leer, peor para él. Esto vale también para el mecánico de autos. Yo uso Internet y no me impide leer. Me gusta muchísimo ver televisión. Pero no es que me paso 24 horas viendo televisión. El alcohol es muy resistido. Pero están los alcohólicos y están los que beben un whisky después de la cena. Hay infinitos estímulos. Lo veo con mis nietitos. Son llevados a leer menos libros porque ven mucho cine. Es igualmente educativo leer un buen libro y ver un buen film. Es igualmente un modo de crecer y de hacerse una experiencia.”

«No soporto a los que dicen que hoy queda poco espacio para leer, porque…, y esgrimen excusas banales. Cuidado. No soy una rata de biblioteca. Escribo en varios diarios… pero leo. Veo televisión… pero leo. Hablo por celular… pero leo. Consulto Internet… pero leo. No me importa si el que lee lo hace en un libro tradicional o en una tableta: ningún sistema electrónico matará a Shakespeare, a Dante, a Joyce, a Kafka, a Proust. Al contrario: ¡hay que ver cómo lucen sus textos en las pantallas luminosas!».

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