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En la BomboneraA Boca se le escapó el triunfo ante Newell’s

Igualó 1 a 1 y quedó con gusto a poco de cara al choque del martes ante River. Esteban Andrada batió varios récords pero cortó su racha en 863 minutos con el arco invicto.

Pese al desencanto del empate con polémica por el gol mal anulado en el cierre, Boca terminó el sábado con certezas sobre lo que se viene. Porque Gustavo Alfaro utilizó un equipo suplente, probó el físico de Ábila (estuvo 45 minutos) y de Zárate (cumplió en los 65 que jugó) y sacó conclusiones para el juego del martes. Ese que los hinchas le recordaron que “cueste lo que cueste hay que ganar”, algo que el DT y todos en el Mundo Boca tienen en claro.

Los ensayos del entrenador fueron desde el esquema (un 4-2-3-1) que puede poner en el Monumental hasta apellidos que generaban dudas. Al cabo, después del error en el gol de Newell’s, Buffarini seguirá en el banco. Lo mismo parece con Villa, quien además de completar 90 minutos, de nuevo expuso todas sus dudas al momento de la toma de decisiones. Que Soldano ni siquiera haya tenido minutos es otro mensaje: estará en el once inicial de la semana que viene. Y el ratito de Tevez, otra vez fuera de sintonía, también acalló voces que lo pedían como titular en Nuñez.

Andrada, más allá de los récords e invictos que se rompieron, terminó sin dolor en el aductor izquierdo que levantaba dudas. Y a Izquierdoz, además del gol, le vino bien redondear un partido con muestras de esa solidez que alguna vez mostró. Ahí hay algo clave para lo que se viene: en todos los envíos aéreos Boca mostró que tiene variantes para lastimar. Casi como si hubiese anotado en su libreta una de las pocas falencias de River. En el Nuevo Gasómetro fue López y en La Boca fue el otro zaguero que saltará como titular frente a los de Gallardo.

El clima, bien temprano en la previa, se tiñó de Superclásico. Porque la Bombonera, repleta como de costumbre, empezó a vivir el cruce con River. Lógico: el aliento y apoyo al equipo fue lo más importante, porque el martes en el Monumental solo serán los muchachos de Alfaro contra el resto. El 22 volverán a encontrarse en Brandsen 805 para la revancha. Los gritos fueron para revalidar que la ilusión está intacta, que las huellas de la final en Madrid al menos no se hacen visibles en el calor popular.

En un ambiente electoral cargado (pasacalles, candidatos recorriendo los ingresos, volantes y revistas con caras de candidatos) por los comicios de diciembre, el partido por la Libertadores se llevó cada instante de atención. Porque La Boca fue una fiesta hasta que Andrada cayó al piso. Hubo segundos de tensión. Y de nuevo alegría al verlo de pie. Lo mismo con cada buen intento de Abila, quien se animó a piruetas que marcaron que está listo si es necesario. En el palco del vicepresidente Horacio Paolini estuvieron Salvio, Más y cada jugador del plantel acompañó. Así se convivirá hasta el martes, cuando desde Ezeiza parta el micro rumbo a Nuñez.

Los hinchas se fueron masticando bronca por ese 1 a 1 que parecía difícil. No tanto por lo que generaba Boca en ataque sino porque se habían acostumbrado a tener el arco en cero luego de cada encuentro. Al cabo, el equipo alternativo también dejó señales: Campuzano redondeó un buen juego y la actitud, parece, ya ni siquiera tiene que repasarse en el manual. Boca juega bien o mal, es vistoso o práctico, ataca mucho o poco.

Pero todos meten y se entregan hasta el último minutos. Y eso, para lo que se viene, parece ser el componente más importante.

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