El Sibarita

En Argentina5 mitos sobre los vinos blancos y cuáles beber según la ocasión

Por prejuicio o por costumbre, se consumen menos que los tintos. Sin embargo, vale la pena descubrir su gran calidad y variedad.

En un país tan futbolero como el argentino, puede afirmarse que en estas tierras el vino blanco pierde por goleada frente al tinto. Según estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en el año 2020 la cantidad del vino blanco comercializado en el mercado interno fue de poco más de 1 millón y medio de hectolitros contra los casi 6 millones de los tintos. La superficie de viñedos cultivados con uva blancas no llega a representar el 20 % del total.

Esta tendencia no siempre fue la misma. De hecho, hasta los años 80, era exactamente al revés. Pero con el nuevo milenio llegó la reconversión de la industria y el cambio en el consumo. Comenzó el reinado del Malbec como vino insignia y la prevalencia de los tintos en las preferencias nacionales, que se mantiene hasta hoy. 

Estos números nada tienen que ver con la calidad y variedad de los blancos, que merece ser apreciada. Para ello es necesario desterrar algunos mitos. A saber:

En Argentina se consume más vino tinto que blanco. Foto: Unsplash.

En Argentina se consume más vino tinto que blanco. Foto: Unsplash.

1. ​​»Los vinos blancos argentinos no son tan buenos como los tintos»

“Esto fue cierto hasta fines de la década del 70, cuando los blancos se elaboraban a partir de mostos oxidados y daban como resultado vinos sin frescura, en los que la expresión de la fruta estaba totalmente apagada”, explica Laura Sotelo, sommelier y Brand Ambassador de Bodega Zuccardi. 

Por su parte, Matías Prezioso, Presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers, observa: “Cuando en los 90 la producción de vinos comenzó a apuntar a mejorar la calidad, todo el trabajo y el estudio se puso en las variedades de uvas tintas, que por factores geográficos se dan naturalmente bien en zonas como Mendoza, San Juan y Salta. Pero eso empezó a cambiar con los años a medida que los enólogos locales evolucionaron y exploraron nuevas regiones y climas”.

Hay vinos blancos argentinos de gran calidad y variedad. Foto: Unsplash.

Hay vinos blancos argentinos de gran calidad y variedad. Foto: Unsplash.

Matías Chiesa, director de The Riesling Wine, empresa dedicada a la importación de blancos alemanes y franceses, cree que los blancos nacionales no tienen nada que envidiarles a los mejores europeos. “En Argentina, enólogos como Alejandro Vigil, los hermanos Michelini, David Bonomi y Sebastián Zuccardi, por nombrar algunos, se atreven a romper con el tabú y logran ejemplares de nivel internacional”. 

2. «El vino blanco me da dolor de cabeza»

“Este prejuicio tiene su origen en la época (también años 60-70) en que era necesario agregar cantidades elevadas de anhídrido sulfuroso durante la elaboración, a fin de frenar la oxidación y la fermentación espontánea de las uvas. Este elemento, que hoy se usa en dosis mínimas porque las uvas llegan sanas y enteras a las bodegas, provocaba la migraña”, desarrolla Sotelo. Y apunta que, actualmente, lo que puede dar de cabeza no es el tipo de vino, sino su consumo en exceso.

El Torrontés, un vino blanco de cepa autóctona.

El Torrontés, un vino blanco de cepa autóctona.

3. «El vino blanco no va bien con la carne»

“Uno de los mayores puntos a favor del vino blanco es su versatilidad a la hora del maridaje. Aunque la combinación del tinto con el asado es natural, no hay que quedarse en la simplificación ‘carnes rojas con tinto y pescados con blanco’”, apunta Prezioso. Y puntualiza: “La materia prima principal de un plato no es el único factor a considerar en el maridaje. El método de cocción, la salsa y la guarnición pueden ser determinantes. Si uno piensa en un carpaccio de lomo, un blanco será mejor que el tinto”.

Si bien conviene un buen Malbec, Cabernet Sauvignon o Tannat para la carne de vaca a la parrilla, no hay que descartar un buen blanco para la picada previa (quesos y embutidos) o las achuras.

Los vinos blancos maridan bien con quesos y achuras. Foto: Fernando de la Orden.

Los vinos blancos maridan bien con quesos y achuras. Foto: Fernando de la Orden.

4. «El vino blanco es el que prefieren las mujeres»

“¡Otro mito!”, responde Sotelo sin dudar. “Es verdad que los blancos, por su ausencia de taninos, son más suaves al paladar y suelen ser una buena puerta de entrada para los bebedores menos experimentados, pero este puede ser el caso de un hombre o de una mujer. Pero por mi experiencia puedo asegurar que hay muchas chicas que eligen tintos con mucho cuerpo y hombres felices con un blanco dulce. No es una cuestión de género sino de cuán acostumbrado o entrenado esté el paladar”, concluye.

Estudios recientes de mercado en el país revelan que, en las estadísticas, tanto hombres como mujeres prefieren los vinos tintos sobre los blancos.

5. «El vino blanco es para el verano, para tomar muy frío y de día»

Aquí el problema es convertir algunas recomendaciones en reglas absolutas. Efectivamente, las altas temperaturas invitan a beber vinos más ligeros, con menos cuerpo, pero esto aplica tanto para tintos como para blancos. En cuanto a la temperatura de servicio, si bien es cierto que se sugiere una menor que la de los tintos, tampoco hay que exagerar.

“El frío excesivo no es bueno, ya que aplaca los aromas y adormece el paladar. Lo ideal es beberlo a 7 o 9°C si es un blanco joven y ligero, y de 8 a 11° si es un blanco con cuerpo”, dice Sotelo. En cuanto al momento de disfrutarlo, “depende de las ganas, la comida que lo acompañe y la situación. No hay una norma, se puede disfrutar a cualquier hora todo el año”, afirma Sotelo.

Vinos blancos en el sur del país: Chardonnay patagónico de Casa Yagüe, en Chubut.

Vinos blancos en el sur del país: Chardonnay patagónico de Casa Yagüe, en Chubut.

Tipos de vinos blancos y cuáles elegir según la ocasión

Quienes no suelen consumir vinos blancos o lo hacen ocasionalmente, suelen distinguirlos entre «secos» y «dulces», quizás porque los blancos dulces están mucho más presentes en los supermercados y autoservicios que los tintos.

Hay varios tipos de blancos dulces, pero los más populares en Argentina son, posiblemente, los dulces naturales y los cosecha tardía, que se diferencian por su proceso de elaboración y también por características como el color, que en los segundos suele ser más intenso, casi dorado. Ambos acompañan bien los postres, aunque los tardíos también son excelentes para maridar con quesos fuertes como el azul.

En​ cuanto a los varietales y terroirs, la oferta de blancos argentinos no deja de crecer y sorprender. A la cepa autóctona, el Torrontés, y a las francesas más conocidas, Chardonnay y Sauvignon Blanc, se suman interesantes ejemplares de Semillón, una uva histórica plantada en viñedos centenarios hoy reivindicada por algunos enólogos en botellas casi de culto. También hay blends de lujo donde la armonía seduce con su elegancia. Con todos es posible recorrer los terruños argentinos de punta a punta, de los Valles Calchaquíes norteños hasta los parajes inhóspitos y helados de Chubut, de las alturas de los Andes a la costa bonaerense.

A la hora de sentarse a la mesa o pedir una copa en un bar, el universo de los blancos está para ser explorado. Es cierto que son buenos socios de pescados, arroces, carnes de ave y ensaladas, pero también es verdad que hay blancos más ligeros y otros más complejos o con más cuerpo, con mayor o menor acidez, que acompañan de modo diferente cada cocción, condimento y también cada momento.

La regla, en todo caso, es dejar de lado las reglas y experimentar sin prejuicios. Los grandes blancos argentinos lo merecen.

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